La frase "trabajar de lo que sea", es quizás una de las más sonadas entre la población hondureña, y mejor ejemplificada no pudo quedar en la película "De lo que sea", donde su director Abraham Espinoza, quiso mostrar la realidad de un gran porcentaje de hondureños.
"De lo que sea" habla de de cinco profesionales que desesperadamente buscan empleo y que hacen cualquier tipo de trabajo a cambio de un buen salario; sin embargo, aquí les tocará hacer cualquier tipo de trabajo, pero con una mala paga.
Este es probablemente el caso de Jisel Scarleth Vásquez Gonzáles, de 28 años de edad, quien a pesar de contar con un título universitario, la falta de oportunidades le han negado poder ejercer su profesión, que con mucho esfuerzo y sacrificio pudo alcanzar.
En 2018, Jisel se graduó de la carrera de Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), y tras más de tres años de haber conseguido su título, aún no ha podido encontrar un empleo y en el marco del Día de la Madre en Honduras, Jisel decidió contar a tunota.com su inigualable experiencia.
"A veces mando mi curriculum. He trabajado en el área de educación, en administración y también doy clases y tutorías. Es deprimente, porque tantos años estudiando, mejor dicho, matándose por estudiar y dejando muchas cosas de lado para nada", comenzó relatando Vásquez Gonzáles a tunota.com.

Madre soltera y el sustento del hogar
Jisel es madre soltera de tres niños, dos niñas y un varón, de quienes se ha hecho cargo sola; además de su sobrino, con quien se quedó luego que su hermana partió hacía España en busca de mejores oportunidades.
En medio de la pandemia del covid-19 que afecta al país desde marzo de 2020, Vásquez Gonzáles tuvo que llevar las riendas de su hogar, el que comparte junto a su madre.
"Lo de la pandemia ha sido super difícil pues tengo tres hijos, está mi mamá y mi hermana mayor se fue para España dejándome una carga enorme, entonces me tocó tomar las riendas de mi sobrino y de mis hijos", indicó Jisel.
"Tocó emprender"
La madre de familia cuenta que ante la necesidad de ingresos en su hogar y la falta de oportunidades para ejercer su profesión, tuvo que buscar un empleo "de lo que sea", pues de alguna manera tocaba llevar comida a su hogar.
"Tuve un trabajo muy pesado, entraba a las 7 de la mañana y salía a las 6 o 7 de la noche en una pollera (venta de pollos fritos), era muy difícil porque no pasaba en mi casa y el sueldo no era muy bueno, descuidaba a mi familia, no tenía muchas prebendas económicas, no tenía ningún derecho, entonces me salía más fácil emprender", dijo Vásquez.
Un día, Jisel se levantó con el ánimo de emprender su negocio, y comenzó la odisea hacía un mundo no desconocido para ella, pues su madre anteriormente ya había tenido una tienda de ropa.
"A mi siempre me ha gustado el negocio, entonces vine y dije que necesitaba cómo sustentar y llevar más dinero a mi casa", comentó.

1,200 lempiras y muchos sueños
"Me puse a ver en redes sociales a la gente que subía cosas de venta, fui preguntando precios y la primera vez que compré gasté mucho porque la persona que me vendió lo hizo muy caro", agregó.
Con 1,200 lempiras y una mochila cargada de sueños, la pedagoga de profesión se fue a uno de los mercados de la capital hondureña a buscar objetos de venta que pudieran darle un inicio en su negocio.
Con ese capital, compró colas, aritos, ganchos de pelo, carteras, maquillaje, gorras, cremas, cosméticos y champús, entre otras cosas,
Poco a poco, Jisel fue viendo como su negocio iba creciendo, entonces comenzó a invertir más capital para comprar cosas que mucha gente le pedía y con lo que no contaba, pues a penas venía comenzando.
"La gente me preguntaba si vendía tal cosa, pero yo no las tenía y se las conseguía; así fui haciendo clientes. También me tocó pedir prestado para invertir más y comprar más cosas", contó Jisel.

Sacrificios
Mientras Vásquez Gonzales comenzaba a emprender, el impacto de la pandemia también hacía su trabajo y como microempresaria tuvo que adaptarse a las nuevas necesidades.
"Me fui metiendo al negocio de las mascarillas que es la necesidad por la pandemia, se venden bastante, tengo mascarillas de todo tipo", dijo.
Asimismo, agregó que se le "ocurrió abrir una página en redes sociales (Madajshop), pero también me ha tocado ir de casa en casa ofreciendo mis productos".
"A veces es bien difícil porque me toca irme con mi mochila a hacer entregas durante el día al Midence Soto (Centro de Tegucigalpa), Novacentro y MetroMall y a veces me toca esperar una hora o dos horas por el siguiente cliente, porque gasto más en transporte y me ahorro esperando", comentó.
Con dos de sus dos pequeños en la escuela, las clases virtuales también se han convertido en un reto y un sacfricio más, al que también le ha tenido que apostar.
"También es difícil por mis hijos, porque me toca hacer tareas con ellos, pero ellos entienden que lo necesitamos", expuso Jisel.

"A veces me resulta muy difícil porque todo se ha puesto bien caro, y me ha tocado ponerme a vender en frente de mi casa, saco la venta a las 7 de la mañana y la meto a las 6 de la tarde", agregó.
Planes a futuro
"Le apuntó más al emprendimiento, toda la vida, uno mismo hace sus metas con su negocio, mientras que buscar un trabajo uno tiene que rogar a alguien que le ayude porque a veces todo es por cuello, y en las empresas te ofrecen sueldos miserables y ejerciendo cosas que a veces uno no quiere", manifestó Vásquez.
A Jisel le gustaría tener su propia empresa, en donde pueda generar empleos dignos sin que las personas puedan ser explotadas y tengan una buena remuneración.
"Quiero tener mi propia empresa, una grande y poder ayudar a varías personas con un empleo digno. Me encantaría tener una tienda en donde las mujeres puedan encontrar de todo, ese es mi sueño", cerró Jisel.
Si desea contactarse con Jisel para adquirir sus productos puede comunicarse al +5049729-9650 o visitar su página en Facebook e Instagram: "Madajshop".
