El clásico entre Motagua y Olimpia del pasado 12 de abril se robó los titulares de los diarios, pero por las razones que nadie quisiera. Una escaramuza entre las dos barras de “aficionados” dejó un gran número de heridos, daños a la propiedad privada de vecinos del Barrio Morazán y desconfianza en los cuerpos de seguridad encargados del evento.
El cotejo terminó jugándose y lo ganaron los “leones” por 0-1 con una anotación de Edwin Rodríguez y con la complicidad de Luis Ortiz, quien no pudo retener un remate que fue directo a sus manos.
Lo deportivo pasó a segundo plano, por lo que resulta difícil no recordar la época en que ambos grupos organizados de aficionados convivían en el Estadio Nacional sin hacer pasar momentos de terror a las familias que asistían para disfrutar y distraerse de la rutina semanal.
El 2 de julio del año 2000, con dos plantillas de lujo, los equipos capitalinos protagonizaron lo que para muchos fue uno de los mejores partidos en historia de nuestro fútbol.
Se jugaba la última jornada de Liga Nacional. Real España se había salvado del descenso y Federal se despedía de la Primera División, aunque disputaría la hexagonal tras haber terminado sexto en la tabla del torneo Clausura 2000.
Motagua buscaba escalar al segundo lugar, mientras Olimpia quería consolidarse en la cima, ya que aquel histórico Platense le "respiraba en la nuca". Bajo esas condiciones se disputaría el superclásico capitalino.
Desde el primer minuto se disfrutó
Al primer minuto de juego, Danilo Javier Tosello fulminó el arco defendido por Noel Valladares con un tiro libre impecable que sirvió como aperitivo para el festín de goles que vendría más adelante.

Al minuto 9, Reynaldo Clavasquín pondría el 1-1 parcial desde el punto penal, luego de una pincelada de Amado Guevara, quien terminó siendo derribado por Samuel Caballero dentro del área. ¡Por Dios! Qué calidad de nombres que participaron en esa jugada.
Ambos equipos seguían insistiendo, pero Olimpia volvió a tomar ventaja a través de Tosello, quien anotó su segundo de la tarde desde el punto penal.
Wilmer Velásquez había mandado un centro pasado desde la derecha, pero un leve empujón de Milton “Jocón” Reyes al argentino fue suficiente para que el árbitro Óscar Bardales decretara la pena máxima contra el equipo azul. Apenas se jugaban 25 minutos.
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Seis minutos después, Motagua, por medio de Amado Guevara —quien un año más tarde sería reconocido como el mejor jugador del continente— pondría el 2-2 luego de un centro de Carlos Salinas que Clavasquín cabeceó de manera aparatosa y que terminó en la zurda de Guevara, asistido desde el suelo por el mismo Clavasquín. Acción accidentada, pero definición excelsa de “El Lobo”.

Segundo tiempo con la misma intensidad
Ya en el segundo tiempo, Gustavo Fuentes pondría a Motagua adelante en el marcador por primera vez y en el minuto 66, después de una gran jugada del argentino Carlos Rojas, quien asistió el quinto gol de la tarde en la que Honduras entera no se despegaba del televisor.
Olimpia insistió durante el resto del encuentro y al minuto 93 Samuel Caballero envió un centro desde la derecha para que Luis “El Tanque” Oseguera batiera la portería de Valladares y sellara el 3-3 definitivo.
Una lección de fútbol y tolerancia
Fue un encuentro de alto voltaje en el que hubo goles, patadas y hasta expulsados. Pero lo más importante fue que el aficionado disfrutó, que nadie terminó herido o muerto de regreso a casa y que quienes presenciaron aquel juego aún lo recuerdan con mucha nostalgia y cariño.
Los dos equipos volverían a encontrarse en la final mes y medio después, cuando Motagua consolidaría su bicampeonato y, posiblemente, su mejor época al vencer en la tanda de penales a su más acérrimo rival.

Este lindo recuerdo es una muestra de que, como sociedad, podemos y debemos comportarnos a la altura, dejando que los jugadores sean los protagonistas en el campo de juego.Y porque recordar es vivir, nos enorgullece traerles este recuerdo.

