La vida de Ángel Gabriel Castro, exjugador del Olimpia y mundialista con la selección Sub-17 de Honduras, tomó un rumbo inesperado lejos de los estadios.
El exdefensor, recordado por su paso en las selecciones menores, decidió dejar el fútbol profesional para seguir un llamado espiritual que lo llevó hasta el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa.
Castro formó parte de la histórica generación que clasificó por primera vez a un Mundial Sub-17 en Corea del Sur 2007. Dos años después, integró el plantel que disputó el Mundial Sub-20 de Egipto 2009 y representó al país en los Juegos Panamericanos de Brasil.
Su talento como zaguero rápido y aguerrido lo convirtió en una promesa del Olimpia junto a figuras como Roger Rojas, Alexander López y Luis Garrido.

¿En qué equipos jugó Ángel?
Aunque debutó con el equipo merengue, su carrera no siguió el mismo camino que la de sus compañeros. Jugó con Deportes Savio, UPNFM, Real de Minas y finalizó su trayectoria en el Gimnástico. Aun así, su mayor transformación ocurrió fuera del campo.
Antes de cada partido, el joven futbolista solía rezar: “Señor, hazme correr este partido como si no fuera a jugar otro, y siempre llévame donde tú quieras que yo esté.” Sin saberlo, aquella oración anticipaba el destino que lo esperaba.
¿Cómo tomó la decisión?
En 2015, tras la muerte de su abuela paterna, una inquietud espiritual que lo acompañaba desde niño volvió a despertar. Sin comunicarlo siquiera a su familia, ingresó al Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa a través de la Pastoral Vocacional.
“Al inicio fue difícil renunciar porque lo material es lo que más cuesta, pero comprendí que el campo ya no me llenaba. Me sentía feliz solo cuando estaba en la iglesia”, compartió en un testimonio publicado por el Seminario.
Actualmente, Ángel Gabriel cursa el tercer año de Teología y asegura que vive en paz con su decisión. “Dios te da las herramientas para seguir adelante en el caminar”, expresó.

El exfutbolista, quien ha tenido la oportunidad de compartir con el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, continúa su preparación sacerdotal con entusiasmo y fe.
Su último partido lo jugó el 12 de diciembre de 2018. Un mes después, en enero de 2019, decidió colgar los tacos y dedicar su vida al servicio religioso. Desde entonces, Ángel Castro camina un nuevo campo, uno donde su vocación no busca goles, sino almas.
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