No hubo una despedida feliz para Neymar Jr. La eliminación de Brasil a manos de Noruega 2-1 en los octavos de final del Mundial 2026 no solo significó otro fracaso para la pentacampeona del mundo, sino también el final de una era.
Entre lágrimas, Neymar Jr. anunció que ese había sido su último partido con la camiseta de la 'Canarinha', poniendo punto final a una de las carreras más brillantes, pero también más frustrantes, de la historia reciente del fútbol brasileño.
El atacante de 34 años abandonó el escenario internacional como el máximo goleador histórico de Brasil, con 80 goles y 56 asistencias en 130 partidos, siendo el máximo goleador histórico de la selección, además de decenas de momentos inolvidables. Sin embargo, el trofeo que siempre persiguió, la Copa del Mundo, jamás llegó.
Un círculo que terminó donde todo comenzó
El destino quiso que la historia cerrara exactamente donde había iniciado. Neymar se despidió de la selección brasileña en el mismo estadio de Nueva Jersey donde debutó con Brasil en 2010, en un amistoso frente a Estados Unidos.
Tras el pitazo final y con lágrimas en los ojos, resumió su historia con una frase que rápidamente dio la vuelta al mundo.

Fue una imagen tan simbólica como dolorosa, el niño que llegó para devolverle la alegría al fútbol brasileño abandonó el escenario donde comenzó su sueño, sin poder cumplir el mayor de todos.
El último heredero del "jogo bonito"
Después de figuras inmortales como Pelé, Zico, Romario, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Kaká, "Neymar" fue el último gran exponente del tradicional "jogo bonito".

Su fútbol mezclaba gambeta, imaginación, improvisación y espectáculo. Durante años fue uno de los pocos jugadores capaces de levantar al público de sus asientos.
Las constantes lesiones aparecieron en los momentos más importantes de su carrera, las constantes suspensiones, polémicas extradeportivas, críticas por su comportamiento y decisiones que muchas veces desviaron el foco de lo estrictamente futbolístico.
Neymar fue, probablemente, el príncipe que tenía todas las condiciones para convertirse en rey, pero que jamás logró ocupar definitivamente ese trono.
Una generación que nunca volvió a conquistar el mundo
La despedida de Neymar también simboliza el largo declive de una selección que hace tiempo dejó de imponer respeto como en otras épocas.
Brasil no gana un Mundial desde Corea-Japón 2002. Desde entonces han pasado seis Copas del Mundo marcadas por eliminaciones dolorosas: el histórico 7-1 frente a Alemania en 2014, la caída ante Bélgica en 2018, la eliminación contra Croacia en 2022 y ahora este inesperado tropiezo frente a Noruega en 2026.
Aunque el país continúa produciendo grandes futbolistas, hace años que dejó de fabricar equipos dominantes. Hoy el talento sigue existiendo, lo que parece haberse perdido es esa esencia que durante décadas hizo del fútbol brasileño un espectáculo irrepetible.
Un legado que va más allá de los títulos
Es cierto que Neymar nunca levantó la Copa del Mundo. También es cierto que muchas veces quedó en deuda con las enormes expectativas que generó.
Pero reducir su legado únicamente a esa ausencia sería injusto.
Durante más de una década fue el rostro del fútbol brasileño, el referente de toda una generación y el jugador que sostuvo sobre sus hombros el peso de un país acostumbrado únicamente a ganar.
Su historia quedará marcada por lo que consiguió, pero también por aquello que estuvo tan cerca de alcanzar.
Con su despedida, Brasil pierde a su último gran artista. Y el fútbol, quizá, se despide del último representante de aquel inolvidable "jogo bonito".
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