Antes de servir el primer plato, los restaurantes ya comenzaron a gastar: energía, agua, personal y otros costos de operación corren incluso cuando las mesas permanecen vacías.

El problema en Honduras es que esa factura crece mientras ocurre exactamente lo contrario con los clientes: están llegando menos.

Esa combinación ya dejó una consecuencia concreta, alrededor de 100 restaurantes formales cerraron durante 2026, según cifras de la Asociación Gastronómica de Honduras.

No se trata únicamente de negocios que dejaron de vender comida, se perdieron empleos, proveedores y recursos que dejan de ingresar al Estado.

De interés: Altos costos, bajas ventas y burocracia cierran restaurantes en Honduras

Restaurantes atrapados entre dos facturas

Napoleón Murillo, presidente de la Asociación Gastronómica de Honduras, identifica dos elementos detrás del momento que atraviesa el sector: la disminución de las ventas y el incremento de los costos.

Los consumidores comenzaron a reducir sus visitas a restaurantes en medio de una contracción económica que también golpea otras actividades comerciales.

Para los restaurantes, sin embargo, el impacto llega desde ambos extremos y mientras entra menos dinero por las ventas, mantener funcionando cocinas, refrigeradores, iluminación y el resto de la operación cuesta más.

“Costos y disminución de ventas”, resumió Murillo al explicar los factores que están presionando actualmente a la industria gastronómica.

crisis en el sector

Hasta conseguir agua cuesta

La presión sobre los restaurantes tampoco termina con la factura de energía eléctrica, el agua se convirtió en otro gasto que algunos establecimientos deben resolver por su cuenta, debido a los problemas de abastecimiento registrados en el país.

Cuando el servicio no garantiza el suministro necesario para operar, algunos negocios recurren a la compra de agua mediante cisternas.

Es decir, un recurso indispensable para cocinar, lavar utensilios, limpiar instalaciones y atender clientes termina agregando otra factura a la operación.

“Todo se ha movido, todo ha incrementado”, manifestó Murillo.

El dirigente consideró que el país debió anticiparse a problemas relacionados con servicios esenciales como agua, energía y comunicaciones.

Los 100 que ya no aguantaron

La cifra permite dimensionar hasta dónde llegó la presión: unos 100 restaurantes formales cerraron sus puertas durante 2026.

Murillo aclaró que se trata de establecimientos que operaron formalmente y cuyos cierres han podido ser contabilizados por el sector.

Los negocios informales también enfrentan menores ventas y mayores costos, aunque resulta más difícil establecer cuántos desaparecieron durante el año.

Entre los establecimientos cuyos cierres han trascendido figuran RadioHouse-Casa Campo, Cocinando Asados, 100 Montaditos, De la Finca Angus en Comayagua y El Marinero.

También aparecen Pimienta Negra en San Pedro Sula, Ruby Tuesday, Rioras en Tegucigalpa, Agave Cantaritos-Plaza Los Almendros y Nicha’s Burger en Mall Premier de Juticalpa.

A ellos se suman Finca 8-Ventu e Hibriduzz Jazz House en Tegucigalpa, entre otros negocios que dejaron de operar.

cierres

Cuando cierra un restaurante, la factura sigue

Bajar la cortina de un restaurante tampoco termina únicamente con la desaparición de mesas y cocinas.

La cadena alcanza a trabajadores directos, distribuidores de alimentos, proveedores de bebidas, servicios y otros negocios vinculados con la actividad gastronómica.

También tiene un efecto sobre la recaudación fiscal que generan los establecimientos formales mientras permanecen operando.

Murillo señaló que las dificultades económicas no son exclusivas de Honduras ni afectan solamente a los restaurantes, sino que forman parte de un escenario complejo para diferentes sectores productivos.

Pero en la industria gastronómica hondureña ya existe una cifra que permite medir parte del golpe.

Mientras los clientes reducen sus visitas y mantener las puertas abiertas cuesta cada vez más, unos 100 restaurantes formales llegaron durante 2026 al punto en que la cuenta simplemente dejó de dar.

Lea también: ¿Cómo convertir el talento nacional en más desarrollo para Honduras?