Este año, las luces navideñas no logran ocultar una realidad que golpea de frente al sector emprendedor: la caída del circulante.

Los pequeños y medianos empresarios observan con preocupación cómo miles de familias llegan a diciembre con menos ingresos, menos aguinaldo y menos posibilidades de compra.

En un país donde el consumo de fin de año es el motor que sostiene a buena parte del comercio, esta contracción representa un desafío enorme para quienes dependen del movimiento diario para sobrevivir.

Pymes estiman 300 millones menos en circulante

Las asociaciones del sector ya hicieron sus cuentas: alrededor de 300 millones de lempiras dejarán de moverse durante la temporada navideña.

Esa caída del circulante es consecuencia directa de la pérdida de empleos formales durante el año, especialmente en la zona norte, donde miles de trabajadores quedaron fuera de planilla.

Esa ausencia de ingresos estables no solo recorta el salario familiar, también reduce significativamente el monto del aguinaldo, que es el impulso económico más grande del año y provoca un efecto dominó en la actividad comercial de diciembre.

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La esperanza está en las últimas dos semanas

Aunque el panorama parece cuesta arriba, las pymes no renuncian a un último aliento.

Confían en que la tercera y cuarta semana de diciembre traigan un repunte en ventas, un oxígeno indispensable para cumplir obligaciones financieras.

Aseguran que eso les permitirá pagar deudas acumuladas y cerrar el año sin números rojos.

Muchos comerciantes aseveran que, incluso con menos circulante, las familias tienden a concentrar sus compras en los días previos a Navidad.

Priorizan alimentos, ropa, juguetes y los artículos indispensables para las celebraciones.

Un fin de año que exige resiliencia empresarial

La caída del circulante convierte este diciembre en una prueba de resistencia para los pequeños y medianos negocios.

La temporada que solía significar alivio hoy se presenta como un reto, empujando al sector a enfrentar la realidad con creatividad, austeridad y esperanza.

Aun en medio de la incertidumbre, las pymes mantienen sus puertas abiertas, apostando a un cierre de año que, aunque más débil que el esperado, aún puede ofrecer el respiro que tanto necesitan.

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