Antes de existir el lempira, en Honduras no había billetes ni monedas, el valor se medía distinto: cacao, jade y plumas servían para intercambiar bienes en las civilizaciones originarias.

Todo cambió con la llegada de los españoles. El real de plata se impuso como moneda y durante siglos dominó el comercio en el territorio, entonces parte de la Capitanía General de Guatemala.

Ese fue el primer paso hacia un sistema monetario formal, pero no propio.

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El lempira: 1926, el nacimiento de una identidad

El 3 de abril de 1926, Honduras dio un giro: adoptó oficialmente el lempira como su moneda nacional.

No fue solo una decisión económica, fue una declaración de identidad. Aun así, el cambio no fue inmediato.

Muchos siguieron llamándole “peso”, una costumbre que evidencia que las transformaciones profundas no ocurren de un día para otro.

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Así fue evolucionando el lempira en Honduras. Foto: UNAH.

No fue lo que todos creen

Aunque hoy el billete de un lempira es el más reconocido, el primero no fue ese. El historiador Jesús de las Heras lo resume así: "El primer billete fue el de cinco lempiras, con la imagen de Francisco Morazán".

En ese momento, ni siquiera estaba definida con claridad la representación del indio Lempira.

El lempira no solo cambió de valor, también cambió de rostro. Pasó de diseños sobrios, casi europeos, a versiones más cercanas a la identidad hondureña.

En los años 70, el billete adoptó colores más vivos y una imagen más auténtica del líder indígena. Cada cambio fue más que estético: fue una forma de redefinir el país.

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El primer billete de cinco lempiras.

De bancos privados al control del Estado

Antes de 1950, los billetes no los emitía el Estado, sino bancos privados. Eso cambió con la creación del Banco Central de Honduras, que asumió el control total de la política monetaria.

Ese punto marcó el inicio de un sistema más ordenado, más sólido… y más estatal. Con el tiempo, el sistema creció: L1, L2, L5, L10, L20, L50, L100, L200 y L500.

El billete de L500 apareció a finales de los años 90, mientras que el de L200 es uno de los más recientes, incluso con versiones que incorporan nuevos símbolos nacionales.

El dinero también evoluciona… como el país que lo usa.

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Primer billete de diez lempiras.

Un siglo después

Cien años después, el lempira sigue circulando en cada mercado, en cada bus, en cada compra cotidiana. Pero su verdadero valor no está solo en lo que compra, sino en lo que cuenta.

Porque cada moneda y cada billete guardan una parte de Honduras: su historia, sus cambios y su identidad.

En sus caras sobreviven presidentes, personajes públicos, intelectuales y héroes; también sitios históricos, monumentos nacionales y símbolos patrios.

Y eso también tiene valor.

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