El Primer Censo Nacional de Cooperativas marcó un antes y un después. Nunca se había realizado un levantamiento de esta magnitud, y el resultado es una radiografía inédita del movimiento del cooperativismo.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Consejo Nacional Supervisor de Cooperativas (CONSUCOOP) documentaron 1,349 organizaciones en todo el país.

Sin embargo, solo 584 están activas, mientras 369 se declararon inactivas y 384 no pudieron ser localizadas.

Detrás de esas cifras están las historias de comunidades enteras: unas que encontraron en la cooperativa un motor de vida, y otras que vieron apagarse su proyecto colectivo.

Auge del cooperativismo en el centro de Honduras

El censo muestra con claridad dónde late con más fuerza el cooperativismo: Francisco Morazán reúne el 24.3 % de las cooperativas activas, seguido de Cortés con un 14.9 %.

Entre ambos departamentos concentran casi el 40 % del movimiento nacional. Ese dominio se explica por la cercanía a los grandes centros urbanos, la infraestructura económica y el acceso a redes de financiamiento.

Allí, las cooperativas no solo funcionan como entidades de ahorro y crédito, sino que también abren espacio a la producción agrícola, el transporte y la vivienda.

Silencio del cooperativismo en la periferia: territorios olvidados

En el extremo opuesto, Gracias a Dios no tiene ninguna cooperativa activa. Otros departamentos como Islas de la Bahía o Valle apenas registran unas cuantas organizaciones en operación.

Esa ausencia territorial refleja una profunda brecha: mientras en el centro las cooperativas crecen y se consolidan como actores económicos, en la periferia rural y costeña la gente sigue sin acceso a esta forma de organización.

Allí, donde la cooperación comunitaria podría marcar la diferencia, el movimiento cooperativo sigue siendo un susurro apagado.

Cooperativismo, un movimiento que toca a millones de hondureños

Más de 1.5 millones de personas están afiliadas a cooperativas, lo que equivale a casi uno de cada seis hondureños.

Mujeres, jóvenes y adultos mayores encuentran en estas organizaciones un espacio para ahorrar, producir, capacitarse o acceder a servicios que de otra manera serían inalcanzables.

Pero la realidad también es desigual. Mientras la base social es mayoritariamente femenina, el 61 % de los afiliados son mujeres, en las juntas directivas y presidencias aún predomina el liderazgo masculino.

El cooperativismo refleja, en pequeño, las mismas tensiones de la sociedad hondureña: inclusión en la base, pero exclusión en la cúpula.

Entre la resiliencia y los desafíos de las cooperativas en el futuro

El censo confirma que las cooperativas son un pilar de la economía social: generaron más de 10,700 empleos en 2023, un crecimiento frente al año anterior.

Su papel en el ahorro, el crédito y la producción agrícola permitieron dinamizar comunidades y ofrecer alternativas frente a la banca tradicional.

Pero el panorama no está libre de sombras. Más de una cuarta parte de las cooperativas está inactiva, muchas por problemas financieros o pérdida de socios.

Además, solo 58 % tienen acceso a internet, una señal de que la digitalización aún no es un terreno ganado.

Lea también: Agua Fría Mineral: primera cooperativa minera artesanal en Danlí

Cooperativismo hondureño, el espejo de un país

El cooperativismo hondureño es un espejo de la nación: fortaleza en el centro, abandono en la periferia; resiliencia en la base social, desigualdad en el poder.

El censo no es solo un recuento estadístico: es una invitación a mirar de frente las diferencias, a reconocer las luces y sombras de un modelo que acompaña la historia del país desde hace más de un siglo.

El desafío ahora es que esa radiografía no quede en papel, sino que inspire acciones para que el cooperativismo deje de ser un privilegio de algunos territorios y se convierta en una oportunidad real para todos.