En Honduras, el déficit de vivienda dejó de ser una cifra para convertirse en una herida abierta.
La Cámara Hondureña de la Industria de la Construcción (CHICO) advierte que el país acumula un déficit superior a 1.6 millones de viviendas, una brecha que crece año tras año ante la falta de soluciones reales.
De ese total, unas 900,000 viviendas deben edificarse desde cero, mientras 600,000 requieren reparaciones urgentes.
Son techos con goteras, paredes a medio levantar, pisos de tierra y sistemas de agua y saneamiento inexistentes.
En muchas comunidades, tener una casa sólida es tan lejano como la promesa de un crédito.
El costo de la pobreza: cuando la vivienda es un lujo
El presidente de la CHICO, Gustavo Boquín, sostiene que los bajos ingresos y la alta informalidad laboral son las principales barreras para acceder a una vivienda.
“El problema no es que la gente no quiera pagar, sino que no tiene cómo demostrar ingresos estables”, señala.
En barrios marginales de Tegucigalpa, San Pedro Sula o La Ceiba, las familias levantan paredes de bloques a medida que consiguen dinero.
“Se construye con lo que se puede y cuando se puede”, comenta Boquín, lo que muestra el encarecimiento de los materiales y las tasas de interés bancarias que solo agravan la crisis.
El sueño de una vivienda digna se desvanece frente a un sistema financiero diseñado para pocos y un Estado que falla en implementar programas sostenibles.
La deuda del Estado con los sin techo
Aunque la Constitución reconoce el derecho a una vivienda adecuada, el país carece de una política integral de hábitat y desarrollo urbano.
Las soluciones son temporales, muchas veces utilizadas con fines políticos o limitadas a proyectos que no alcanzan ni al 10 % de la demanda nacional.
La CHICO advierte que la demanda crece un 3 % anual y que el Estado necesita invertir de manera estratégica.
Aseguran que se deben fortalecer los programas sociales y crear mecanismos de financiamiento para el 70 % de trabajadores informales del país.
“Sin acceso al crédito, sin incentivos fiscales y sin voluntad política, el déficit seguirá aumentando”, advierte Boquín.
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Construir esperanza: el reto de una nueva política habitacional
Revertir esta crisis no depende solo de cemento y ladrillos. Requiere una visión integral de desarrollo humano, con participación ciudadana, inversión sostenible y un compromiso real para garantizar el derecho a una vivienda digna.
Mientras tanto, millones de hondureños seguirán levantando sus casas con fe y esfuerzo, ladrillo a ladrillo.
Ellos sueñan con un país donde tener un techo no sea un privilegio, sino un derecho cumplido.
