Cada aumento en el precio del petróleo y sus derivados no solo golpea el bolsillo del hondureño: sacude toda la estructura económica del país. Desde el transporte hasta los alimentos, todo se encarece en una cadena que parece no tener freno.

Para el analista Kenneth Madrid, el problema no es nuevo, pero sí cada vez más urgente. Honduras —advierte— sigue dependiendo casi por completo de los combustibles fósiles, sin una estrategia clara que permita romper ese ciclo.

“Trabajen ya en un plan nacional para ya no depender de los combustibles fósiles…”, cuestiona.

Además señaló la ausencia de incentivos para la transición hacia vehículos eléctricos o híbridos, una realidad que ya es política pública en otros países.

Mientras en otras economías se promueve la movilidad limpia con beneficios fiscales, en Honduras —dice— no hay diferencia entre apostar por tecnología limpia o seguir atado al combustible tradicional.

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El impacto del precio del petróleo que golpea todos los sectores

El alza en los combustibles no es un problema aislado. Es una onda expansiva que recorre toda la economía: el transporte es apenas la cara visible de una crisis más profunda.

Cada incremento en el precio del petróleo se traduce en mayores costos logísticos, incremento en tarifas, presión inflacionaria y, al final, menos capacidad de consumo para la población.

Lo que parece un ajuste técnico termina siendo un golpe directo al costo de vida.

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El rezago que encarece aún más el golpe

A esta presión se suma un factor que retrasa cualquier alivio: el desfase entre los precios internacionales y el mercado nacional.

La economista Liliana Castillo lo explica con claridad: aunque el precio del petróleo baje afuera, el consumidor hondureño no lo siente de inmediato.

“Sabemos que siempre hay un rezago… hay inventarios ya existentes que entraron con el precio anterior”, detalla.

Ese inventario —comprado a precios altos— debe agotarse antes de reflejar cualquier reducción. Es decir, aunque el mercado internacional respire, Honduras sigue pagando caro.

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ada aumento en el precio del petróleo y sus combustibles derivados no solo golpea el bolsillo del hondureño: sacude toda la estructura económica del país. Foto: cortesía.

Sin incentivos, sin rumbo y sin transición

El problema de fondo no es solo el precio, es la falta de dirección. Sin incentivos para energías limpias, sin políticas claras de transición y sin una estrategia energética nacional, Honduras sigue reaccionando —pero no anticipándose— a las crisis.

Y mientras el mundo acelera hacia nuevas fuentes de energía, el país sigue atado a un modelo que cada vez cuesta más sostener.

La advertencia está sobre la mesa: sin un plan nacional, Honduras no solo seguirá pagando caro el combustible, sino también el costo de no cambiar a tiempo.

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