La energía es el motor de una nación, el pulso que mantiene activa su economía y el soporte que permite a sus ciudadanos prosperar. Sin embargo, en Honduras, ese motor funciona con fallas intermitentes.
La falta crónica de un servicio de energía estable, accesible y asequible en sus 18 departamentos se ha convertido en uno de los mayores obstáculos para el crecimiento y el desarrollo del país, una realidad que ha persistido a través de múltiples gobiernos y que exige una solución integral y definitiva.
El problema de fondo no es meramente técnico, sino profundamente institucional. La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), que debería ser el pilar del sistema, se ha visto históricamente afectada por una falta de independencia y una constante injerencia política.
La toma de decisiones en su cúpula no siempre responde a criterios de eficiencia o rentabilidad, sino a intereses de corto plazo. Este "mangoneo político", como lo han descrito expertos, ha debilitado financieramente a la institución, impidiendo las inversiones necesarias en infraestructura de transmisión y distribución y creando un ciclo vicioso de pérdidas y déficit.
En lugar de una visión a largo plazo, se ha recurrido a soluciones temporales y costosas, como el arrendamiento de plantas térmicas, que solo alivian el síntoma sin curar la enfermedad.
Inestabilidad energética, un desincentivo a la inversión
La inestabilidad energética es un desincentivo directo y contundente para la inversión, tanto nacional como extranjera. Ningún capital serio se arriesgará a instalar una fábrica, un centro de tecnología o un hotel en un país donde los cortes de energía son impredecibles y recurrentes.
Las empresas se ven obligadas a operar con plantas de emergencia, lo que aumenta exponencialmente sus costos operativos y reduce su competitividad en el mercado regional e internacional.
El alto precio del servicio, sumado a la falta de fiabilidad, crea una barrera infranqueable que limita la creación de empleos formales, la expansión de las industrias existentes y la llegada de nuevos proyectos que podrían dinamizar la economía hondureña.
Como lo ha señalado el experto en energía, Edgar Aguilar: "El problema de no tener energía barata y confiable lo sentimos de varios ángulos, pero hay más de un millón de hondureños que ni siquiera tienen el servicio."
Esta realidad golpea directamente a la columna vertebral de la economía: el pequeño y mediano emprendedor. Un taller de soldadura no puede operar sin electricidad, una panadería pierde su producción si la refrigeración falla y una modesta tienda no puede funcionar durante un apagón.
La falta de acceso a la energía limita la capacidad de los hondureños para iniciar y sostener sus propios negocios, perpetuando la informalidad y la vulnerabilidad económica.
PUEDE LEER: Honduras apuesta por China para encender la hidroeléctrica Patuca II A
