Por años, el turismo en Honduras fue visto como una actividad de temporada limitada al descanso de verano y a la movilización interna. Sin embargo, para que esta industria se convierta en un verdadero motor de desarrollo, el país debe dar un giro de 180 grados: pasar del "recreo" a una estrategia agresiva de atracción de capitales.

El reto no es solo atraer viajeros, sino convencer a los grandes desarrolladores e infraestructura hotelera de que Honduras es un destino rentable y seguro a largo plazo. Este cambio de visión se enfrenta a una herencia de inactividad técnica.

Al respecto, el Ministro de Turismo, Andrés Ehrler, fue enfático sobre el estado en que recibieron la institución: "Nosotros nos encontramos con un gobierno sin estrategia; la Estrategia Nacional de Turismo venció en 2020".

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Falta de planificación en el sector turismo

Esta declaración revela que, durante años, el país operó sin una hoja de ruta actualizada. Esto dejó a Honduras en desventaja frente a competidores regionales que sí modernizaron sus leyes y planes de inversión.

La reactivación de este sector no depende únicamente de la belleza natural, sino de la creación de un ecosistema que facilite los negocios.

La implementación de incentivos fiscales estratégicos y una seguridad jurídica inquebrantable son los requisitos mínimos para que las cadenas internacionales pongan sus ojos en nuestras costas y montañas.

Perosnas haciendo turismo en las playas de Honduras
Turistas en una playa hondureña mientras Honduras avanza hacia la profesionalización de su turismo más allá de la Semana Santa. Foto: Cortesia

Si bien medidas como el retorno del empleo por hora han dado un respiro inmediato a las familias, la verdadera estabilidad económica vendrá de una inversión robusta que genere puestos de trabajo permanentes y especializados.

El objetivo actual es ambicioso, pero necesario: profesionalizar el destino Honduras. No se trata simplemente de llenar playas durante la Semana Santa, sino de construir una infraestructura que compita a nivel global.

El turismo tiene el potencial de transformar cifras macroeconómicas en bienestar directo para las comunidades, siempre y cuando se logre capturar el capital extranjero bajo un plan de nación sólido.

Honduras debe dejar atrás la improvisación y consolidarse como un imán de inversiones que trabaje los 365 días del año.

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