Prometer ganancias exorbitantes en poco tiempo es una de las trampas más antiguas y efectivas en el mundo de las finanzas. El esquema Ponzi, que debe su nombre al estafador italo-estadounidense Carlo Ponzi, evolucionó, pero su esencia sigue intacta: pagar a los inversores antiguos con el dinero de los nuevos, hasta que la rueda se detiene… y todo colapsa.
Aunque se le atribuye a Ponzi su creación en los años 20, ya en el siglo XIX la española Baldomera Larra hija del célebre escritor Mariano José de Larra puso en marcha una red de préstamos que funcionaba bajo este mismo principio.
Su historia terminó en fuga, arresto y juicio. Un siglo después, las víctimas se siguen multiplicando.
¿Cómo funciona un esquema Ponzi?
El modelo es tan simple como letal. Una persona o empresa ofrece rendimientos mucho más altos que los del mercado.
Quien invierte, recibe sus “ganancias” en tiempo récord, lo que le genera confianza. Recomienda a otros. Invierte más. El círculo se alimenta… hasta que se rompe.
"Lo que hace irresistible a estas estafas es que al principio cumplen sus promesas. Pero lo hacen con el dinero de otros, no con inversiones reales", explica un experto en delitos financieros consultado por tunota.com.
El esquema puede durar meses o años, hasta que ya no entran nuevos inversionistas o el sistema se vuelve insostenible.
Entonces, los promotores desaparecen, los teléfonos se apagan, los sitios web colapsan... y los sueños de cientos se convierten en pesadillas.
Casos reales de Argentina
Uno de los fraudes más sonados en América Latina fue Generación Zoé, una supuesta academia de coaching financiero dirigida por Leonardo Cositorto, quien ofrecía rentabilidades del 10% mensual.
El modelo se expandió desde Argentina hacia otros países, incluyendo Colombia, España y México. En 2022, se desplomó y Cositorto fue detenido.
En San Pedro. Argentina, la plataforma RainbowEx captó millones prometiendo un retorno diario del 1% en dólares a través de inversiones en criptomonedas.
Las víctimas, muchas en situación de precariedad, confiaron en la promesa de “ingresos pasivos”.
Cuando quisieron retirar su dinero, el sistema colapsó. Los responsables fueron capturados, pero el daño ya estaba hecho.
El caso Korium en Honduras
En territorio hondureño, Inversiones Korium se convirtió en sinónimo de engaño. Bajo un disfraz de legalidad, ofrecían productos financieros con retornos que duplicaban los del sistema bancario tradicional.
Muchos invirtieron sus ahorros de toda la vida; otros vendieron bienes o pidieron préstamos para acceder a la promesa de enriquecerse sin esfuerzo.
La empresa operó durante varios años sin levantar sospechas, hasta que el Ministerio Público puso sus ojos en ellos.
Cómo identificar un Ponzi antes de caer en la trampa
1. Rentabilidad excesiva: si alguien promete duplicar tu dinero en semanas o asegura ganancias mensuales muy por encima del mercado, ¡cuidado!
2. Falta de transparencia: empresas que evaden preguntas, no tienen oficinas físicas o piden firmar documentos sin leer.
3. Sin producto real: si todo gira en torno a captar más personas, y no hay un servicio tangible detrás, es una alerta roja.
4. Presión para invertir: te piden decidir “ya” o “pierdes la oportunidad”.
5. Testimonios exagerados: si hay muchos “casos de éxito” sin detalles verificables, duda.
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Un fraude que sigue vivo
A pesar de las advertencias y los escándalos mediáticos, los esquemas Ponzi no desaparecen. Solo mutan.
Hoy se presentan como “academias de inversión”, “negocios cripto” o “plataformas digitales de ahorro colectivo”. El lenguaje cambia, la estafa permanece.
"La educación financiera es la mejor vacuna contra este tipo de fraudes", aseguran desde la Comisión Nacional de Bancos y Seguros.
La historia de Carlo Ponzi sigue vigente, reencarnada en nuevas formas que atrapan a incautos con la misma lógica devastadora.
En Honduras, Inversiones Korium es solo un capítulo más. Pero las víctimas todavía no creen que sus inversiones corren peligro.
Mientras no exista una cultura sólida de educación económica ni un Estado que proteja con firmeza a sus ciudadanos, los fraudes seguirán mutando, cambiando de nombre, de rostro, pero siempre acechando, disfrazados de oportunidad.
