Aunque el presupuesto general de la República para 2025 muestra una ejecución global cercana al 50%, apenas el 29.5% de los fondos destinados a inversión pública han sido utilizados, según datos analizados por economistas nacionales.

De los 82,000 millones de lempiras presupuestados para inversión pública este año, solo se ha ejecutado una tercera parte, un patrón que preocupa a los expertos al considerar que el país arrastra una débil infraestructura económica y social.

“El presupuesto en términos generales se está ejecutando casi al 50%, pero si vamos al desglose, lo alarmante es que la inversión pública productiva apenas alcanza un 22% y, en lo que se refiere a formación bruta de capital fijo —que incluye maquinaria, equipo y obras con impacto económico— apenas llega al 14%”, explicó el economista Martín Barahona.

Según Barahona, esta baja ejecución revela una tendencia histórica: mientras el gasto corriente del Estado —salarios, subsidios y funcionamiento institucional— se ejecuta con agilidad, la inversión productiva queda rezagada.

Martín Barahona, economista.
Martín Barahona, economista. Foto: captura

Por su parte, Sergio Zepeda, Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la UNAH, coincide con esta apreciación y añade que la mayor parte del presupuesto se sigue destinando al pago de salarios y programas sociales que, si bien tienen un impacto inmediato, no necesariamente generan transformaciones sostenibles.

Sostuvo que de los 82 mil millones de lempiras ara inversión productiva, apenas 18 mil millones son inversión productiva, se sigue manteniendo un bajo nivel de ejecución En cambio el de tasa de la inversión social que está alcanzado un 54%  ya se ha venido ejecutando un 44%.

“Eso indica que no estamos visualizando a ciertos aspectos de desarrollo que el país necesita”, indicó.

Proselitismo

Ambos expertos cuestionaron el uso político de los fondos de inversión social. Barahona advierte que es difícil que en los cinco meses restantes del año se rectifiquen las falencias de los últimos tres años, sobre todo en un contexto preelectoral.

“Estamos en plena ansiedad electoral, y con la incertidumbre que esto genera, difícilmente habrá voluntad para corregir. La inversión social suele utilizarse como herramienta de clientelismo”, expresó.

Zepeda fue más directo al señalar que los programas sociales, en muchos casos, se han convertido en mecanismos de captación de votos, especialmente en zonas con alta vulnerabilidad.

“El gasto social se está usando como moneda de cambio: te doy, pero esperás que me des tu voto. Esta práctica impide avanzar en políticas públicas responsables”, lamentó.

Ambos coinciden en que es necesario mantener la inversión social, pero focalizándola en sectores estratégicos como salud, educación y generación de empleo, y no como herramienta electoral.

Sergio Zepeda, Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) UNAH,
Sergio Zepeda, Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) UNAH.

Subsidios

Barahona sentenció que subsidiar sin una estructura técnica adecuada solo alimenta el déficit fiscal. En particular, cuestionó los subsidios generalizados en el sector eléctrico.

“Esta bien los subsidios, deben ser focalizaos y basados en costos reales. No se trata de regalar la energía. Lo ideal sería tener una tarifa basada en costos reales de producción, con energía renovable y empresas públicas que funcionen bien. Esa sería la verdadera ayuda para los hogares pobres”, indicó.

Barahona recordó que gran parte del déficit fiscal y de la deuda pública del país se origina en las ineficiencias de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) y los contratos de compra de energía térmica.

“El país no necesita promesas optimistas, sino un diagnóstico realista. Si no asumimos esa realidad, vamos a seguir atrapados en el mismo círculo vicioso cada cuatro años”, concluyó Zepeda.