En los valles donde antes se alzaron verdes extensiones de arroz, hoy la tierra yace abandonada o convertida en pastizales.

La voz de Fredy Torres, presidente de la Asociación de Arroceros de Honduras, rompe el silencio con una advertencia que resuena como alarma nacional:

"Valientemente vamos a llegar a los 400 mil quintales, pero eso significa que tendremos que importar el 92 % del arroz que comemos”, afirma.

La cifra es devastadora. Mientras el consumo nacional ronda los cinco millones de quintales anuales, el país apenas logra producir una fracción.

En comparación con 2024, cuando se alcanzaron 502 mil quintales, la caída es drástica.

En apenas un año, Honduras perdió más de 100 mil quintales de su producción y, con ellos, parte de su soberanía alimentaria.

Producción de arroz: una crisis que se profundiza

El dirigente gremial detalla que hasta ahora se entregaron 244 mil quintales a la agroindustria y que, con las cosechas de noviembre y diciembre, apenas se alcanzará la proyección estimada.

Pero detrás de las cifras hay una realidad más dura: el campo se vacía. “La pérdida del 92 % de los productores es el reflejo de un abandono total. No hay incentivos, no hay precio de garantía y no hay condiciones para competir”, lamenta Torres.

Los pequeños agricultores que durante décadas mantuvieron viva la siembra dejaron de cultivar por los altos costos de los insumos, la falta de crédito y la escasa rentabilidad.

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Dependencia total: el grano llegará desde Estados Unidos

La crisis del arroz obligó a Honduras a mirar al norte. Según Torres, el país deberá importar 4.6 millones de quintales desde Estados Unidos para satisfacer la demanda.

“Hoy dependemos casi por completo de los productores norteamericanos para alimentar al pueblo hondureño”, advierte.

Esa dependencia no solo afecta la economía rural, también pone en riesgo la seguridad alimentaria.

Cada tonelada importada es un recordatorio del fracaso en políticas de apoyo al agro y del deterioro de un sector que alguna vez fue símbolo de autosuficiencia.

Seguridad alimentaria en riesgo

Fredy Torres insiste en que sin políticas claras y sostenidas, el arroz hondureño podría desaparecer por completo.

“La producción nacional se está extinguiendo y con ella la seguridad alimentaria del país”, sentencia.

El dirigente demanda una intervención inmediata del Estado: fijar un precio justo, garantizar asistencia técnica, impulsar el riego y proteger a los productores frente a las importaciones masivas.

Sin ello, dice, el futuro será de mayor dependencia y pérdida de competitividad. En las comunidades arroceras, los molinos se oxidan y los campos se vuelven estériles.

Los productores que aún resisten lo hacen por orgullo, no por ganancia. “Sembramos porque creemos en nuestra tierra, aunque el sistema nos dé la espalda”, dice uno de ellos desde el valle del Aguán.

La crisis del arroz en Honduras no es solo una historia de números; es el retrato de un país que, poco a poco, deja de producir lo que come.

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