El problema no está en la tierra ni en el clima, está en el costo de los insumos para producir. En Honduras, sembrar dejó de ser una apuesta arriesgada para convertirse en una decisión que muchos ya no pueden tomar.
Los precios de fertilizantes y pesticidas, insumos esenciales para sostener los cultivos escalaron entre 200 y 900 lempiras por litro, empujando a los pequeños productores a replantear cada ciclo agrícola. La ecuación dejó de ser rentable.
De interés: /Centroamérica en alerta: ONU anticipa sequía que golpea al agro
Sin insumos menos tierra cultivada
El impacto ya se refleja en números concretos señalan a tunota.com varios productores del país.
Explican que la superficie de cultivo en lógica comercial podría reducirse de 20,000 a 15,000 manzanas.
"Son 5 mil manzanas menos de maíz, frijol o sorgo que dejarían de sembrarse, en un país donde la producción de granos básicos sostiene buena parte de la alimentación", dice Arnulfo Mejía, productor de Lempira.
La reducción no es un escenario lejano: es una decisión que ya se está tomando en silencio.

“Si sembramos, perdemos; si no, también”
En el campo, la incertidumbre se traduce en cuentas que no cierran. “Uno saca números y no dan. El fertilizante subió demasiado, y si no lo usamos, la cosecha no rinde. Estamos perdiendo por los dos lados”, relata Jeremias Acosta, productor de Comayagua.
La frustración se refleja y creen que de seguir así todo empeorará. “Hay gente que mejor está dejando la tierra sin sembrar, porque endeudarse para perder ya no tiene sentido”.
El golpe no solo es económico, también es emocional: es la pérdida de confianza en la tierra como sustento.
Entre el contexto global y la presión local
Los distribuidores atribuyen el aumento al conflicto en Medio Oriente y al encarecimiento de los combustibles, factores que elevan los costos de importación.
Sin embargo, en el mercado local crece la sospecha de que algunos incrementos podrían ir más allá de esos factores.
Desde Protección al Consumidor, la advertencia es clara: habrá sanciones para quienes especulen con los precios. Antes de eso, se les pide a los distribuidores corregir de forma voluntaria.

El riesgo que viene
Lo que hoy golpea al productor, mañana puede impactar al consumidor. Menos siembra significa menos oferta de granos básicos, y eso abre la puerta a precios más altos en los alimentos.
El problema ya no sería solo del campo, sino de toda la cadena. En Honduras, la siembra no se detiene por falta de tierra, se detiene cuando producir deja de tener sentido.
Lea también: Del aula al cultivo: drones agrícolas despegan en la UNAH Atlántida
