El sol apenas se asomaba cuando los habitantes de Olanchito y Arenal, en el departamento de Yoro, vieron cómo una nube espesa y ruidosa cubría los cielos. Eran langostas voladoras que, en cuestión de horas, redujeron a polvo las milpas y los frijolares. Para los campesinos, fue como ver desaparecer meses de trabajo.

“Estamos preocupados por esa plaga que entró y se comió frijolares y milpas”, contó con desesperación Jorge Salas, un agricultor que calcula perdió más del 60 % de su cosecha. “No sabemos cómo vamos a levantar la próxima siembra”.

Esta invasión de langostas es la tercera que se registra en esa zona del norte de Honduras, pero los productores aseguran que nunca había alcanzado tal magnitud.

La plaga cruzó ríos, cerros y nuevas áreas productivas, expandiéndose sin control.

Enfrentan emergencia de langostas con brigadas de campo

El Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria (Senasa) activó su protocolo de emergencia ante la invasión de langostas en Yoro. Brigadas técnicas trabajan en el control de la plaga con fumigaciones aéreas y terrestres.

“El control total podría tardar semanas”, reconoció el director de Senasa, Ángel Emilio Aguilar.

Los equipos se concentran en los puntos más críticos de Olanchito y Arenal, donde los cultivos ya presentan daños irreversibles.

Las condiciones climáticas agravan el panorama. La sequía intermitente y las lluvias irregulares debilitaron los cultivos y facilitaron la reproducción de las plagas.

Riesgo de desabastecimiento y alza de precios en Yoro

Los expertos advierten que, si la invasión de langostas no se controla pronto, el impacto podría extenderse a los mercados regionales.

La pérdida de maíz y frijol podría provocar desabastecimiento y aumento de precios en los próximos meses.

Las organizaciones campesinas solicitan al Instituto Hondureño de Mercadeo Agrícola (IHMA) y a la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) apoyo técnico y financiero para reactivar las áreas devastadas.

“Si no recibimos ayuda, el hambre va a golpear fuerte”, lamentan los productores.

Comunidades resisten ante la devastación causada por langostas

Ante la lentitud de la respuesta estatal, las comunidades comenzaron a organizar jornadas colectivas para espantar las langostas voladoras con humo, trapos y ruido.

Los niños y mujeres se suman en los patios, intentan proteger las pocas plantas que aún se mantienen verdes.

“El campo se nos muere, pero no vamos a rendirnos”, dice un agricultor mientras muestra las hojas mordidas y los tallos secos.

En las aldeas, el ambiente huele a químicos, a tierra húmeda y a desesperación.

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La invasión que desnuda la fragilidad del agro hondureño

La invasión de langostas en Yoro es solo un reflejo de la vulnerabilidad del campo hondureño.

Sequías, falta de apoyo técnico y escasa inversión pública dejan a los agricultores expuestos a cualquier desastre natural o biológico.

Cada hectárea perdida representa mucho más que una cifra: significa comida que no llegará a las mesas y sueños que se marchitan con el zumbido de las alas.