La inflación en Honduras sí se siente porque durante años se midió con una canasta de consumo que ya no reflejaba lo que las familias realmente gastan.

Hoy, con cifras actualizadas, los números empiezan a coincidir con lo que miles de hogares viven cada mes: el dinero alcanza menos.

El país finalmente actualizó la base estadística con la que se calcula la inflación, un cambio que busca reflejar con mayor precisión en qué gastan su dinero las familias hondureñas y cómo el aumento de precios impacta su día a día.

En 2025, Honduras cerró el año con la inflación más alta de Centroamérica, con una tasa interanual cercana al 5 %, según datos del Banco Central de Honduras.

El aumento estuvo impulsado principalmente por alimentos y bebidas, transporte y alojamiento, rubros que golpean directamente el presupuesto de los hogares.

Aunque los subsidios estatales a los combustibles y la energía ayudaron a contener alzas mayores, no evitaron que el país superara a Nicaragua, Guatemala y El Salvador, en un contexto regional marcado por contrastes, como la deflación registrada en Costa Rica, donde los precios, en lugar de subir, retrocedieron.

Inflación: una deuda estadística de más de 25 años

La actualización se apoya en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, un instrumento clave que no se renovaba desde finales de los años noventa.

En ese tiempo, Honduras cambió: nuevas formas de trabajo, más dependencia de servicios, mayor peso de la tecnología y una economía sostenida, en muchos casos, por ingresos que apenas alcanzan para cubrir lo básico.

Medir la inflación con datos viejos no solo distorsionaba la realidad, también condicionó decisiones importantes: desde la formulación del presupuesto nacional hasta el diseño de políticas sociales y ajustes salariales.

Inflación
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¿Qué cambió en la nueva medición de la inflación?

La canasta básica ahora incluye bienes y servicios que antes no se consideraban esenciales, pero que hoy son indispensables para miles de familias.

Entre ellos: el acceso a telecomunicaciones, transporte más diversificado y nuevos patrones de consumo urbano y rural.

Este ajuste no significa que los precios suban de golpe, sino que la inflación se mide de una manera más cercana a la realidad.

En otras palabras, los números comienzan a parecerse más a lo que la gente ya percibe en su bolsillo.

Ingresos que no alcanzan y precios que presionan

Los datos revelan otra verdad incómoda: la mayoría de los hogares hondureños depende casi exclusivamente de salarios.

En un contexto donde los precios suben y los ingresos se mantienen ajustados, cualquier variación en la inflación tiene un impacto directo en la alimentación, la vivienda, la educación y la salud.

Para los economistas, la nueva medición no resuelve el problema del alto costo de vida, pero sí permite identificarlo con mayor claridad. Y sin diagnósticos precisos, advierten, no es posible diseñar soluciones efectivas.

La inflación que hoy se mide en Honduras no es nueva: es la misma que las familias han sentido durante años al estirar el sueldo hasta el último lempira.

La diferencia es que ahora las cifras comienzan a reconocerlo. En un país donde cada aumento pesa, contar bien la realidad es el primer paso para enfrentarla.