La licha que se vende en las calles y mercados de Honduras también encontró compradores al otro lado del mundo.
Su cáscara rojiza y su pulpa dulce esconden un negocio que mueve millones de dólares y conecta las fincas hondureñas con mercados internacionales.
Conocida comercialmente como rambután, esta fruta tropical logró abrirse espacio en Estados Unidos y otros destinos, convirtiéndose en una alternativa económica para agricultores, empacadoras y exportadores.
Pero el rambután hondureño no conquistó esos mercados de la noche a la mañana.
Detrás de su expansión hay años de producción, apertura comercial y esfuerzos por cumplir las exigencias sanitarias que permiten vender frutas frescas fuera del país.
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El negocio de la licha o rambután que superó los seis millones de dólares
Las cifras muestran hasta dónde llegó esta actividad agrícola. Según la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (FHIA), las exportaciones de rambután alcanzaron 6.05 millones de dólares en 2024.
Un año antes, el valor de las ventas internacionales fue de 5.2 millones de dólares, de acuerdo con los registros de la cadena productiva de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG).
La diferencia representa un aumento aproximado del 16.3 % entre ambos años. La cadena productiva también registra alrededor de 2,500 agricultores y unas 3,000 fincas vinculadas al cultivo, principalmente en Atlántida, Yoro, Colón, Cortés y Olancho.

La Masica, uno de los puntos de salida de la fruta hondureña
En La Masica, Atlántida, parte de esa actividad se desarrolla en instalaciones donde el rambután pasa de las manos de los agricultores a las cajas destinadas al comercio internacional.
Una de las empresas que participa en este proceso es Frutas Exóticas, dedicada a producir, empacar y exportar la fruta.
Su directora ejecutiva, Cinthia Alvarado, explicó que cada cargamento pasa por inspecciones para determinar si cumple las condiciones necesarias para salir del país.
No basta con que la fruta tenga buen sabor. También debe estar libre de plagas y reunir características de calidad que permitan su aceptación en los mercados extranjeros.
Estados Unidos figura como el principal destino comercial de esta empresa, mientras que Europa y Asia aparecen entre los mercados hacia los que Honduras busca fortalecer sus exportaciones.
El rambután hondureño tiene una historia de más de dos décadas
Aunque actualmente se destaca su presencia internacional, la exportación de rambután no es una actividad nueva en Honduras.
El país obtuvo autorización fitosanitaria para ingresar esta fruta fresca al mercado estadounidense en 2003, un paso que abrió oportunidades comerciales para el sector.
Desde entonces, los productores se adeptan a requisitos de calidad, mejorar los procesos de empaque y organizarse para comercializar mayores volúmenes.
Un ejemplo de esa transformación se produjo en 2018, cuando más de 260 familias de pequeños productores integraron cuatro asociaciones con apoyo de Rainforest Alliance y BID Lab.
Estas organizaciones desarrollaron capacidad para abastecer hasta un millón de cajas de cinco libras anualmente para exportación, según información publicada por Rainforest Alliance.
La experiencia mostró que la organización de los agricultores puede facilitar el acceso a mercados que difícilmente podrían atender de manera individual.

No todo el rambután logra salir de Honduras
El mercado internacional también impone una selección rigurosa. Las frutas que no cumplen determinados requisitos comerciales pueden quedar fuera de los envíos de exportación.
Mauricio Cortéz, inspector fitosanitario del litoral atlántico, explicó que las revisiones incluyen la búsqueda de plagas, manchas, residuos y otras condiciones que podrían comprometer la aceptación del producto.
También se inspeccionan las cajas, su identificación y los documentos que acompañan cada cargamento.
Para ingresar a Estados Unidos, los exportadores deben cumplir las disposiciones sanitarias correspondientes.
Deben gestionar certificados fitosanitarios y atender los requisitos aplicables de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).
Estas exigencias representan un desafío especialmente para los pequeños productores que necesitan mantener estándares de calidad y disponer de canales adecuados de comercialización.
El desafío es que los millones lleguen también al productor
El crecimiento de las exportaciones de la licha no significa necesariamente que todos los agricultores reciban los mismos beneficios.
Rainforest Alliance identificó que numerosos pequeños productores no están asociados y dependen del mercado informal.
Por eso, el desarrollo del rambután hondureño no depende únicamente de encontrar compradores internacionales.
También requiere fortalecer las organizaciones agrícolas, mejorar la productividad, mantener la calidad y facilitar que más productores puedan participar en las cadenas de exportación.
La política agroalimentaria de Honduras estimaba que entre el 30 % y el 40 % de la producción nacional de rambután se orienta a la exportación, lo que también evidencia la importancia del mercado interno.
La licha demuestra que una fruta tropical hondureña puede competir fuera de sus fronteras y generar millones de dólares.
El siguiente desafío no es solamente vender más cajas en el extranjero, sino conseguir que ese negocio se traduzca en mayores oportunidades para las familias que cultivan la fruta.
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