Avanza la tecnología: mientras los robots se vuelven más sofisticados, los salarios de subsistencia son una barrera para su llegada a determinados empleos.

En América Latina, ganar poco representa una protección temporal frente a la automatización.

Sin embargo, esa aparente ventaja esconde una vulnerabilidad que podría agravarse con los años.

El Banco Mundial advierte que los bajos salarios hacen económicamente inviable sustituir ciertas actividades humanas mediante robots avanzados, aunque esa situación podría cambiar conforme disminuyan los costos tecnológicos.

La advertencia aparece en el informe Panorama económico de América Latina y el Caribe: Aprovechando la transición de la IA, publicado en octubre de 2026.

El documento plantea una realidad inquietante: algunos trabajadores no están protegidos porque sus labores sean imposibles de automatizar, sino porque todavía resulta más barato contratar personas.

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Robots: el 19.7 % de los trabajadores vive bajo una protección frágil

El Banco Mundial identifica que el 19.7 % de la fuerza laboral latinoamericana se encuentra en una categoría denominada resistencia frágil.

Se trata de personas que desarrollan actividades en entornos poco estructurados, como la venta ambulante y el trabajo doméstico, donde introducir robots todavía enfrenta importantes obstáculos económicos y operativos.

Estas ocupaciones forman parte de lo que el organismo denomina economía tangible, integrada por trabajos que requieren interacción directa con el mundo físico.

A diferencia de las tareas realizadas frente a una computadora, estas labores exigen desplazamientos, manipulación de objetos y adaptación a condiciones que pueden cambiar constantemente.

Sin embargo, el informe cuestiona la idea de que esos empleos estén a salvo de los avances tecnológicos.

Su permanencia depende, en parte, de que los salarios sean tan bajos que invertir en automatización todavía no resulte rentable.

Esta condición, lejos de representar una garantía laboral, revela una debilidad estructural de las economías latinoamericanas.

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Cuando un trabajador cuesta menos que un robot

Durante años, la automatización industrial se concentró principalmente en actividades repetitivas desarrolladas dentro de fábricas y otros espacios organizados.

En esos entornos, las máquinas pueden ejecutar movimientos programados, mantener ritmos constantes y realizar determinadas tareas con una intervención humana limitada.

Pero trasladar esas capacidades a calles, viviendas y otros espacios impredecibles plantea dificultades adicionales.

Un vendedor ambulante, por ejemplo, puede desplazarse entre diferentes lugares, atender compradores y adaptarse a situaciones que no siguen una secuencia fija.

Automatizar completamente ese trabajo requiere capacidades tecnológicas más complejas que las utilizadas en muchas líneas de producción.

A ello se suma el costo de adquirir, mantener y operar equipos capaces de desarrollar esas funciones.

El Banco Mundial sostiene que los salarios de subsistencia contribuyen a mantener una barrera económica frente a la incorporación de robots.

El problema es que esa barrera no depende de mejores condiciones laborales, sino precisamente de la precariedad de los ingresos.

Los robots también apuntan a las fábricas

La amenaza de automatización no se limita a los trabajadores informales, el informe identifica otro grupo particularmente expuesto: quienes realizan actividades manuales rutinarias en espacios estructurados.

Este segmento representa el 26.8 % de la fuerza laboral de América Latina y el Caribe, según la clasificación presentada por el Banco Mundial.

Entre los ejemplos aparecen los trabajadores dedicados al ensamblaje industrial, cuyas funciones se desarrollan mediante movimientos repetitivos y procedimientos definidos.

A diferencia de los empleos informales, estas actividades presentan condiciones más favorables para incorporar sistemas automatizados.

El organismo advierte que la reducción de los costos de la robótica avanzada podría aumentar la competencia entre máquinas y trabajadores.

Para Honduras, donde las maquilas y otras industrias manufactureras forman parte de la actividad económica, esta transformación plantea interrogantes sobre la preparación de su fuerza laboral.

avance de los robots

La inteligencia artificial no amenaza a todos por igual

El Banco Mundial señala que el 78.1 % de la fuerza laboral latinoamericana trabaja en la economía tangible.

El informe calcula que el 9.5 % del empleo regional corresponde a ocupaciones expuestas a la automatización mediante inteligencia artificial generativa.

Otro 8.4 % pertenece a trabajos en los que esta tecnología podría complementar las capacidades humanas y elevar la productividad.

Esto significa que la transformación tecnológica no tendrá necesariamente las mismas consecuencias para todos.

Mientras algunas ocupaciones podrían beneficiarse de nuevas herramientas, otras enfrentarían una creciente presión para modificar sus funciones.

Honduras frente a una transformación que no espera

Aunque el informe presenta estimaciones regionales, sus advertencias resultan relevantes para Honduras por la presencia de actividades manufactureras, pequeños negocios y empleos informales.

En una economía donde numerosas personas dependen de trabajos de baja productividad, la incorporación de nuevas tecnologías plantea desafíos que van más allá de comprar equipos modernos.

El Banco Mundial advierte que América Latina enfrenta dificultades relacionadas con la formación de trabajadores, las capacidades empresariales y la adopción productiva de innovaciones.

También señala que muchas empresas utilizan inteligencia artificial para tareas básicas, sin incorporarla profundamente en sus procesos de producción y organización.

Esta situación podría ampliar las diferencias entre compañías capaces de aprovechar los avances tecnológicos y pequeños negocios con recursos y conocimientos limitados.

Para los trabajadores, el desafío no consiste únicamente en aprender a utilizar nuevas herramientas, sino en desarrollar habilidades que permitan adaptarse a ocupaciones cambiantes.

Honduras

La ventaja humana que los robots todavía no pueden reemplazar

El Banco Mundial identifica ocupaciones que requieren habilidades sensoriomotoras complejas, como las desarrolladas por mecánicos y fontaneros.

También destaca trabajos donde la empatía, el juicio ético y las relaciones humanas constituyen elementos esenciales.

Entre ellos aparecen los profesionales de enfermería y los docentes, cuyas funciones dependen de capacidades que la tecnología todavía no puede reproducir adecuadamente.

El informe denomina a estas características ventaja humana y considera que ofrecen una mayor resistencia estructural frente a la automatización.

Sin embargo, incluso estas ocupaciones podrían experimentar cambios mediante herramientas tecnológicas que complementen determinadas tareas.

La diferencia está en que su valor no depende exclusivamente de ejecutar movimientos repetitivos o procesar información.

La pobreza no puede ser el escudo del empleo

La conclusión más inquietante del Banco Mundial es que parte de la aparente resistencia laboral latinoamericana descansa sobre una condición que ningún país debería considerar una ventaja permanente: los salarios de subsistencia.

Mientras los robots continúen siendo costosos, numerosos trabajadores conservarán una barrera económica frente a su sustitución.

Pero esa protección podría desaparecer gradualmente si la tecnología se abarata y las empresas encuentran nuevas oportunidades para automatizar actividades.

Para Honduras y el resto de América Latina, el desafío será convertir los avances tecnológicos en oportunidades de productividad y mejores ingresos.

Porque el verdadero riesgo no es solamente que algún día los robots resulten más baratos que los trabajadores, sino que millones de personas lleguen a ese momento sin alternativas laborales.

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