Tener trabajo no siempre significa estar mejor. En Honduras, muchas personas salen cada día a vender, producir o prestar un servicio y consiguen llevar dinero a casa, pero lo hacen desde la informalidad: sin las mismas posibilidades de acceder a protección social, crédito o hacer crecer su actividad.
Esa es la contradicción que pone sobre la mesa el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
La informalidad laboral no solo aparece cuando una economía tiene dificultades para crecer, también puede convertirse en parte del problema que la mantiene frenada.
El problema adquiere especial relevancia para Honduras. Con datos de 2025 la CEPAL ubica al país, junto con Bolivia, en el extremo más duro de la región: más del 80% de los ocupados tienen empleos informales.
En contraste, Chile y Uruguay registran niveles inferiores al 30%.
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Informalidad: trabajo sin lograr dar el salto
La CEPAL explica que cuando buena parte del trabajo permanece en la informalidad, muchos pequeños negocios tienen menos posibilidades de conseguir dinero para invertir, incorporar tecnología, innovar o crecer.
Ahí está el golpe: la economía puede crecer, pero ese crecimiento rinde menos y dura menos que en países donde el empleo formal tiene mayor peso.
Dicho sin tecnicismos: puede haber más trabajo y, aun así, el país seguir sin despegar.
Según la CEPAL, las actividades formales aprovechan mejor los períodos de crecimiento y en las informales, el impulso es más débil y puede desaparecer más rápido.
Ahí comienza la trampa, un pequeño negocio: puede vender todos los días e incluso aumentar sus clientes, pero si no consigue crédito, tecnología o recursos para expandirse, puede pasar años trabajando sin lograr dar el siguiente paso.
Honduras aparece entre los países con mayor informalidad
La comparación permite dimensionar el problema, mientras Honduras supera el 80% de ocupación informal un balance previo del organismo reportó para 2023 tasas de 83.2% en Guatemala, 66.5% en El Salvador, 56.1% en Panamá y 37.1% en Costa Rica.
Pero la distancia sirve para mostrar algo que se pierde cuando solo se habla de personas “ocupadas”.
En Centroamérica no basta contar cuántos tienen alguna forma de trabajo, importa saber cuántos lo hacen dentro de empleos capaces de ofrecer protección y mejores posibilidades de avanzar.
Para el trabajador puede significar quedar fuera de mecanismos de protección social.
Para un pequeño negocio puede traducirse en dificultades para conseguir crédito, invertir, modernizarse o crecer.
La CEPAL sostiene que las micro y pequeñas empresas que buscan pasar a la formalidad necesitan mejorar su productividad y acceder a herramientas que les permitan desarrollarse.
El vecino que marca el otro extremo
Costa Rica ofrece el contraste centroamericano más visible en los datos disponibles.
Su informalidad pasó de 41.3% en 2021 a 37.1% en 2023. El Salvador también mostró una reducción, de 69% a 66.5%, mientras Guatemala se movió en dirección contraria y alcanzó 83.2% en 2023.
La comparación no significa que esos países resolvieran el problema, pero sí muestra que bajo una misma región conviven mercados laborales muy distintos.
Y también muestra que Honduras permanece entre los casos donde trabajar fuera de la formalidad tiene un peso extraordinariamente alto.

Más empleo, pero no necesariamente más productividad
En países con mucha informalidad puede aumentar el número de personas trabajando o de pequeños negocios abiertos.
Pero eso no significa que aumente al mismo ritmo lo que producen y las posibilidades que tienen de crecer.
Y hay otra cara del problema: cuando la economía se pone difícil, la informalidad puede esconder parte del golpe.
Una persona puede perder un empleo formal y comenzar a vender, hacer trabajos por encargo o buscar cualquier otra fuente de ingreso.
Sigue trabajando y no necesariamente aparece como desempleada, pero puede haber pasado a una ocupación más vulnerable y de menor productividad.
Así, la cifra de desempleo no cuenta toda la historia: tener una ocupación no dice por sí solo en qué condiciones se trabaja ni cuánto futuro ofrece ese empleo.
Tener trabajo no basta para romper la trampa
Salir de la trampa no consiste simplemente en llenar papeles, registrar negocios o simplificar trámites.
La CEPAL plantea que la formalización debe ir acompañada de algo mucho más difícil: negocios capaces de conseguir financiamiento, incorporar tecnología, crecer y generar mejores empleos.
Para Honduras, donde la informalidad mantiene un peso elevado, el desafío no pasa únicamente por conseguir que haya más personas trabajando.
Pasa por evitar que permanezcan atrapadas en actividades vulnerables y con pocas posibilidades de crecer.
El verdadero salto está en que trabajar no sirva únicamente para resolver el ingreso de hoy, sino también para abrir posibilidades de crecer mañana.
Mientras eso no ocurra, tener trabajo seguirá sin ser suficiente para romper la trampa.
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