Orica, un pequeño municipio de Francisco Morazán, es hoy sinónimo de orgullo y logro agrícola. En sus tierras fértiles se cultivó el tomate que, por primera vez, cruzó la frontera rumbo a El Salvador.

La exportación de 20,000 libras marca más que un envío comercial: es la muestra viva de que el agro hondureño tiene la capacidad de competir y prosperar en mercados internacionales.

Todo comenzó con una misión comercial que se realizó en febrero a San Salvador. Entre los participantes iba Orlando Barahona, uno de los 20 productores que hoy celebran el inicio de una nueva etapa.

Siembra con visión de futuro

“Lo importante es que aseguramos un mercado confiable. Esto nos permite planificar nuestros ciclos de siembra en función de las necesidades reales de este mercado”, dice Barahona.

El hondureño supervisa la clasificación y empaque del segundo lote de tomates que está por salir.

El primer envío de 10,000 libras ya llegó a su destino. El segundo, con igual volumen, está en marcha.

Pero lo más importante no son los números, sino la sostenibilidad que este acuerdo brinda a las familias productoras.

tomate hondureño
La exportación de tomate hondureño hacia El Salvador marca un nuevo capítulo para el agro nacional. Foto creada con IA.

Alianzas que cultivan progreso

Este avance es resultado de una articulación entre productores, la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) y los Ministerios de Desarrollo Económico y Relaciones Exteriores.

La estrategia incluyó ruedas de negocios y acercamientos directos con cadenas de supermercados salvadoreñas.

“El acuerdo abre nuevas puertas para nuestros productores y fortalece la economía nacional”, resaltó Javier Quan, director del Programa Nacional de Desarrollo Agroalimentario (Pronagro).

Y no se trata solo de tomate: El Salvador también mostró interés en chile, piña, yuca, plátano, aguacate y marañón.

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Más allá del tomate

Con la primera meta cumplida, los productores ya piensan en expandir su oferta. Barahona cuenta que se preparan muestras de pimientos dulces de la variedad Iguazú, para analizar su viabilidad en el mercado regional.

La mirada está puesta en el futuro, pero con los pies bien anclados en la tierra que los vio sembrar.

Honduras comienza a cosechar algo más que frutos: cosecha reconocimiento, alianzas y esperanza.

El tomate que hoy se vende en supermercados salvadoreños lleva consigo el trabajo silencioso de agricultores que, por años, creyeron que el campo hondureño podía más. Y lo demuestran tomate a tomate.