Hay hondureños que trabajan todos los días, consiguen ingresos y aun así el dinero no les alcanza para cubrir la canasta básica.

Alimentación, transporte, salud y educación salen del mismo bolsillo, pero no siempre hay suficiente para cubrirlos todos.

Ahí está la contradicción que atraviesa el mercado laboral hondureño: tener trabajo no necesariamente significa tener capacidad para cubrir esa canasta básica.

Alrededor del 40 % de la población hondureña no tiene acceso a una canasta básica, según advirtió Sergio Zepeda, director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

La cifra coloca el problema más allá de quienes están desempleados. También alcanza a personas que encontraron en la informalidad una manera de generar ingresos, pero sin la seguridad de recibir un salario estable.

En otras palabras, conseguir cómo trabajar puede resolver una parte del problema, pero no necesariamente garantiza que el dinero alcance.

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Canasta básica: cuatro de cada diez quedan fuera

El porcentaje dimensiona el golpe: por cada diez hondureños, alrededor de cuatro no tienen acceso a la canasta básica, de acuerdo con lo expuesto por el director del IIES-UNAH.

Detrás de esa proporción están hogares que deben distribuir recursos limitados entre varios gastos indispensables.

Zepeda explicó que las familias de menores ingresos tienen que repartir el dinero entre alimentación, transporte, salud y educación.

Esa competencia permanente por los recursos reduce la capacidad de satisfacer adecuadamente todas sus necesidades.

La comida, por tanto, no enfrenta únicamente el aumento de precios. También compite dentro del presupuesto con el pasaje para llegar al trabajo, una consulta médica, medicamentos o los gastos educativos.

Para el economista, la inflación y las deficiencias en los servicios públicos terminan agravando esa presión económica sobre los sectores más vulnerables.

no alcanza

El desempleo no cuenta toda la historia

A primera vista podría suponerse que la dificultad para acceder a la canasta básica está directamente relacionada con no tener empleo.

Sin embargo, Zepeda advierte que esa lectura deja fuera una parte importante del problema hondureño.

Quien no encuentra una plaza formal no necesariamente permanece sin hacer nada. Puede vender productos, prestar servicios, realizar trabajos por cuenta propia o recurrir a otras actividades informales para conseguir dinero.

Eso significa que una persona puede estar ocupada y generar ingresos, pero hacerlo sin estabilidad, prestaciones laborales y, en muchos casos, sin alcanzar siquiera un salario mínimo.

“Hay un gran porcentaje de nuestra población que vive de la informalidad y eso no le asegura tener por lo menos un ingreso estable”, señaló Zepeda.

Por eso, desde la perspectiva del director del IIES, el desempleo por sí solo no permite explicar las dificultades del mercado laboral.

“Las personas ante la carencia de empleo pueden optar a empleos informales y es donde viene el verdadero problema”, agregó.

La informalidad funciona entonces como una salida para obtener recursos, pero no necesariamente como una puerta hacia la estabilidad económica.

Trabajar no es lo mismo que ganar lo suficiente

Ese punto cambia la manera de leer el dato del 40 %, la discusión ya no se limita a determinar cuántas personas tienen o no tienen trabajo, sino qué clase de empleo consiguieron y cuánto ingreso realmente les deja.

Un trabajador informal puede generar dinero durante una semana y obtener menos la siguiente.

Tampoco tiene necesariamente las prestaciones y garantías asociadas a un empleo formal.

Si los ingresos permanecen por debajo de las necesidades del hogar, estar ocupado no elimina la vulnerabilidad económica.

Y el problema tampoco se restringe exclusivamente a quienes viven de actividades informales.

Zepeda señaló que en el empleo formal también existe una importante subocupación, otra señal de que tener una relación con el mercado laboral no necesariamente equivale a recibir un ingreso pleno.

“Realmente nuestra población no goza de un salario pleno, sino que menos de un salario mínimo y realmente eso atenta mucho contra la población hondureña”, sostuvo.

Subocupción

Cuando el ingreso obliga a escoger

Es en los hogares donde todas esas variables dejan de ser conceptos económicos, un ingreso insuficiente obliga a distribuir el dinero disponible entre necesidades que difícilmente pueden eliminarse: comer, movilizarse, estudiar y atender la salud.

Y cuando esos gastos aumentan mientras los ingresos permanecen limitados o son inestables, el margen para cubrir la canasta básica se reduce.

La advertencia del IIES-UNAH pone así sobre la mesa dos problemas que pueden coexistir: una persona puede conseguir trabajo y continuar económicamente vulnerable.

Puede tener una ocupación, pero no estabilidad, además puede recibir ingresos, pero no alcanzar el salario mínimo.

Y puede trabajar durante el mes entero sin conseguir que ese dinero cubra todas las necesidades de su hogar.

Por eso, el 40 % que queda fuera de la canasta básica no cuenta únicamente una historia sobre pobreza o desempleo.

También retrata la precariedad de quienes encuentran cómo ganarse la vida, pero descubren al final del día que trabajar tampoco garantiza que alcance para lo básico.

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