A las siete de la mañana, en medio del ruido de los buses, las voces de los vendedores y el calor atrapado entre los techos de lámina, doña María camina lento entre los pasillos del mercado. Lleva una bolsa pequeña en la mano y una lista aún más pequeña en el bolsillo. Recorre puesto por puesto comparando precios de productos de la canasta básica en Honduras.
Ella pregunta dos veces cuánto cuesta el cartón de huevos y vuelve a guardar el dinero antes de seguir avanzando.
Hace apenas unos años salía del mercado con bolsas llenas. Hoy, dice, compra únicamente lo indispensable para que en casa “por lo menos haya algo que cocinar”.
“Ya no alcanza”, murmura mientras acomoda unas cuantas verduras en la bolsa. Y esa frase, repetida en mercados, pulperías y supermercados de Honduras, es el retrato más crudo de la presión económica que viven miles de familias.
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La canasta básica se volvió una batalla diaria
Aunque varios productos de la canasta básica mantienen relativa estabilidad en las últimas semanas, consumidores y especialistas coinciden en que el golpe sigue llegando desde otro lado: el combustible.
Cada aumento en los carburantes recorre toda la cadena de distribución hasta instalarse silenciosamente en la mesa de los hogares.
El director de Protección al Consumidor, Danilo Lou, explicó que cuando suben los combustibles también aumentan los costos del transporte, el flete y la logística.
Esta es una situación que inevitablemente termina reflejándose en el precio final de los alimentos y productos esenciales.
“Cuando el precio del combustible sube, aumentan los costos del transporte y del flete, y finalmente ese incremento llega hasta las mesas de los hondureños”, señaló.
En los mercados de Tegucigalpa, vendedores y compradores aseguran que los cambios no siempre se sienten de golpe, pero sí aparecen poco a poco en casi todos los productos.
El tomate sube unos lempiras, el cartón de huevos cuesta más. El aceite cambia de precio, también el pollo, el queso y hasta las tortillas comienzan a presionar presupuestos que desde hace tiempo dejaron de respirar tranquilos.

Familias que ahora compran “solo para sobrevivir”
En muchos hogares hondureños la estrategia ya no consiste en ahorrar, se trata de resistir.
Las compras dejaron de hacerse pensando en gustos o antojos. Hoy se hacen calculando cuánto puede rendir una libra de arroz.
O cuántos huevos alcanzan para varios días o qué producto puede eliminarse esta semana para completar el resto.
“Antes uno llevaba de todo; ahora solo lo básico”, comenta un hombre mientras sostiene apenas una bolsa con frijoles, manteca y tortillas.
Algunas familias afirman que una canasta básica para un hogar pequeño puede superar los 10 mil lempiras mensuales.
Esa es una cifra que para muchos trabajadores resulta imposible de cubrir sin endeudarse o sacrificar otras necesidades.

El costo de vivir sigue subiendo
Las organizaciones defensoras de consumidores advierten que Honduras sigue expuesta a factores externos que mantienen presión sobre los precios.
El presidente de la Asociación para la Defensa de la Canasta Básica de Honduras, Adalid Irías, señaló que los combustibles son uno de los principales elementos que impactan el encarecimiento de los alimentos.
Todo vinculado también a conflictos internacionales y al comportamiento de los mercados energéticos.
A eso se suman las condiciones climáticas, la dependencia de productos importados y una economía vulnerable que no logra blindarse frente a las crisis externas.
Mientras tanto, la realidad se siente en silencio dentro de miles de hogares. Hay padres que dejaron de comprar carne para poder pagar transporte.
Madres que estiran las comidas para alimentar a más personas. Jubilados que recorren varios mercados buscando ahorrar unos cuantos lempiras.
Porque la crisis no siempre se mide en cifras, a veces se mide en platos más vacíos, bolsas más ligeras y familias que, sienten que vivir en Honduras cuesta cada vez más.
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