Uno de los temas que abordo ampliamente en mi libro; Periodismo ¿para qué sirve lo que hacemos?, es el relacionado con el desafío en la búsqueda permanente de la calidad como elemento fundamental para la mejora continua en el trabajo periodístico y fortalecer el lugar indiscutible que nuestra actividad profesional ocupa en las sociedades democráticas.

Pero más que un desafío diario, la calidad periodística es también el centro de un incesante debate partiendo de la opinión manifiesta de las audiencias cuyas demandas parecen no estar del todo satisfechas y es aquí donde aparecen visibles diferencias que distinguen la ruta del trabajo entre la información demagógica y un ejercicio más auténtico sustentado en principios como la investigación, la verificación y la transparencia de los datos.

¿Qué es calidad? Interesante pregunta que vale la pena definir. Este término se refiere a un conjunto de propiedades inherentes a algo y que permiten juzgar su valor, es decir, lo mejor dentro de ciertas condiciones del producto y que es bien recibido por sus usuarios o consumidores. Aplicando este concepto al periodismo nos referimos al cumplimiento de una amplia lista de requisitos, criterios y valores que deben cuidarse y respetarse en virtud de la incidencia y el impacto que las noticias tienen en la sociedad.

Regirse bajo estándares como la confiabilidad (pluralismo en las noticias y sus fuentes), la relevancia, el interés social, la claridad y la transparencia entre otros que caracterizan nuestra labor, contribuye a la toma de conciencia sobre la importancia del periodismo como un bien social, de la información oportuna como derecho humano y del periodista como gestor de mensajes informativos claros,  precisos y consecuentes con la realidad.

Se trata de ese periodismo de denuncia, exigente en cuanto a objetividad y rigor profesional, creíble y capaz de movilizar acciones orientadas al cambio, periodismo que visibiliza una problemática particular y cuya virtud está cimentada en la indagación, el equilibrio y  la frialdad para cotejar los hechos.

Medios de Comunicación y periodistas deben estar claros que como parte de su responsabilidad social, se tiene la obligación de ser críticos, incisivos y lacerantes ante la mentira, la ineficiencia y la ineptitud, que en la tarea por la búsqueda del bien común y la verdad no deben lealtades ni a gobiernos y mucho menos a grupos de poder.

El verdadero periodismo está comprometido con la paz, con el derecho de las personas al progreso social mediante la generación de oportunidades, con la difusión de la información al margen de los intereses que esta afecte, con el dialogo amplio y participativo, con la justicia y el desarrollo social, político y económico. 

Esto significa que el trabajo periodístico debe estar acorde con la responsabilidad de la información transmitida, el periodista es responsable frente a  los medios de comunicación y frente al público de la veracidad y autenticidad de la información divulgada. Su tarea primordial es la de establecer un compromiso personal, moral e incondicional de servir a la sociedad mediante  el derecho a la información, las sociedades de hoy demandan de la prensa esa imagen objetiva de la realidad.

En síntesis, la calidad de la información y del trabajo periodístico ético corresponde  a los propios periodistas, tiene que ver con los valores y principios de quien ejerce y del nivel de compromiso que se tenga con la sociedad, con la verdad y con la justicia.

@aldoro/aldoromerohn@gmail.com

Además: El Periodista: Un deber, un compromiso, una vocación, un ser humano