Más de cinco meses han pasado desde que las tormentas tropicales Eta y Iota destrozaron gran parte la zona norte de Honduras a finales de 2020, dejando a miles de familias hondureñas con sus hogares destruidos.
Desde entonces, las familias han tenido que abandonar sus casas, las cuales han sido cubiertas por el agua, el fango y los escombros que dejaron a su paso los fenómenos naturales.
Toneladas de lodo siguen impidiendo que decenas de personas regresen a sus hogares, y en la colonia Filadelfia, en La Lima, Cortés, no es la excepción.
"Estamos bien fregados, porque aquí estamos nosotros olvidados. Las maquinarias han venido, pero no ha sido suficiente; ya tengo seis meses de estar afuera de la casa", relató un habitante de la Filadelfia, afectado por las tormentas tropicales.
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"La desesperación de nosotros es mucha"
A más de cinco meses del desastre, el agua persiste mantiene en algunas de las casas, imposibilitando que sus dueños regresen a sus viviendas donde en algún momento convivieron con sus familias.
"La desesperación de nosotros es mucha. No tenemos de otra, los alquileres aquí no son baratos, casi la mayoría de personas de la colonia anda alquilando", agregó el ciudadano.
Los vecinos de las zonas más afectada en Cortés han tenido que refugiarse en las calles de San Pedro Sula, La Lima y Choloma, pues aún sus hogares no cuentan con las condiciones para ser habitados.
Otros han abandonado por completo sus casas y comenzado una vida nueva; mientras que varios hondureños han decidido emprender la ruta migratoria en caravanas hacia Estados Unidos, de acuerdo con registro de organismos de derechos humanos en el país.
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