La historia de los migrantes que intentan cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos está plagada de riesgos, pero pocas veces se escucha el testimonio de quienes guían estos viajes clandestinos.

En un relato crudo y estremecedor, un hombre que se dedica al tráfico de personas comparte su experiencia en el desierto de Arizona, una ruta que no solo enfrenta a los migrantes contra el hambre, la sed y las autoridades, sino también contra un peligro desconocido para muchos: la zona del nahual, una región envuelta en leyendas aterradoras.

El testimonio comienza con una revelación escalofriante: "En este trabajo uno cobra lo que quiere", dice el guía, explicando que debe pagar cuotas a la mafia y a la policía para poder operar.

Sus clientes son personas desesperadas que arriesgan su vida en una caminata que dura días y que los expone a serpientes y felinos, y al agotamiento extremo.

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A medida que avanzan, la escasez de agua y alimento se convierte en una amenaza inminente.

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Nadie quiere compartir lo poco que tiene, y el grupo sigue adelante sin importar si alguien se retrasa: "Si alguien sufre una herida y no puede seguirnos el paso, se queda atrás, no importa que sea una mujer o un niño", advierte el coyote.

Los problemas se multiplican cuando una de las mujeres sufre una fractura y queda rezagada, mientras que al llegar a una zona donde esperaban encontrar agua, descubren que la patrulla fronteriza había destruido los galones.

Sin más opción que continuar, el grupo se adentra en un territorio donde la supervivencia se vuelve una cuestión de instinto.

El nahual: el horror oculto en el desierto

La situación se torna aún más aterradora cuando, al ser detectados por la patrulla fronteriza, el grupo huye y se interna en una zona temida por muchos: el territorio del nahual.

El coyote describe el primer encuentro con esta entidad: "Nos topamos con restos humanos. La gente se asustó, pero les recordé que ya no había forma de volver". A partir de ese momento, el miedo se apodera del grupo, y el desierto se convierte en una trampa mortal.

Dibujo de un nahual en un bosque
Imagen referencial de lo que sería un nahual.

Cuando el agua se agota, el guía los lleva hasta un charco donde, según él, bebe el nahual. La desesperación obliga a los migrantes a tomar el agua sucia y maloliente, excepto un hombre mayor que, resignado, se sienta en una roca y decide quedarse atrás.

Horas más tarde, un grito desgarrador sacude al grupo: el nahual lo había encontrado.

El peligro acecha y el guía sabe que deben seguir adelante. Al caer la noche, se da cuenta de que el nahual los ha rodeado, esperando en una bajada. Conocedor del terreno y de los mitos que lo envuelven, decide tomar una medida extrema: alguien debe servir de carnada.

Escogen víctima

Escoge a un joven sin familia en EE. UU. y lo convence de correr en dirección contraria para distraer al ser.

"Le dije que si lo hacía, le devolvería la mitad del dinero", confiesa. Cuando el joven empieza a correr, el grupo aprovecha para escapar. Instantes después, los gritos del muchacho rompen el silencio: el nahual lo ha alcanzado.

Sin mirar atrás, los sobrevivientes siguen avanzando. Un día más en el desierto y finalmente logran salir de la zona del terror: "El desierto es un lugar muy peligroso. No le recomiendo a nadie que cruce por ahí, pero si están decididos, primero pregunten si van a pasar por la zona del nahual", concluye el testimonio.