Mucho antes de que las lanchas recorrieran el embalse y los turistas llegaran atraídos por el paisaje del oriente antioqueño, un pueblo entero ocupaba parte de esas tierras.

Se llamaba El Peñol y durante más de 300 años construyó una historia que terminó bajo el agua en Colombia, según relató la creadora de contenido Ana Sánchez Prisco.

Los orígenes del antiguo municipio se remontan al siglo XVII, en territorios que antes ocuparon comunidades indígenas Tahamíes.

Con el paso del tiempo, familias campesinas levantaron casas de tapia y teja, cultivaron la tierra y formaron una comunidad alrededor de su iglesia y su plaza principal.

Generaciones enteras nacieron, crecieron, formaron familias y murieron en el mismo territorio. Para sus habitantes, El Peñol representaba mucho más que un punto en el mapa: concentraba sus raíces, sus recuerdos y la historia de sus antepasados.

Una represa cambió para siempre el destino del pueblo

A mediados del siglo XX, el aumento de la demanda energética en Colombia llevó a los ingenieros a estudiar nuevas zonas para desarrollar proyectos hidroeléctricos.

Las características del río Nare y las montañas del oriente antioqueño convirtieron la región en un lugar estratégico para construir una gran central hidroeléctrica. Sin embargo, el proyecto enfrentaba una dificultad enorme: el futuro embalse ocuparía el territorio donde se encontraba El Peñol.

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En 1969, las partes firmaron el llamado Contrato Maestro, un acuerdo que marcó el futuro del municipio y estableció las condiciones para trasladar a la comunidad.

El proyecto contemplaba inundar por completo el Viejo Peñol. Miles de personas tendrían que abandonar sus casas, sus parcelas, sus calles y los lugares donde descansaban sus familiares.

La noticia provocó rechazo, protestas y negociaciones. Muchos habitantes reclamaron durante años garantías para afrontar una transformación que cambiaría de manera irreversible sus vidas.

El agua comenzó a cubrir El Peñol en 1978

En mayo de 1978 comenzó uno de los momentos más dolorosos para la comunidad. El nivel del agua empezó a subir y poco a poco cubrió caminos, viviendas, terrenos y espacios que habían formado parte de la vida cotidiana durante generaciones.

El 21 de junio llegó otra de las imágenes que marcaron aquella historia. Las autoridades derribaron con alrededor de 300 cargas de dinamita las torres de la iglesia dedicada a la Virgen del Rosario, patrona del municipio.

La escena quedó grabada en la memoria de quienes presenciaron la desaparición del viejo pueblo.

El Peñol
Viejo Peñol en 1975, antes de quedar sumergido.

El agua avanzó hasta cubrir las casas, la plaza, las calles y prácticamente todo lo que alguna vez conformó El Peñol. Desde entonces, el antiguo municipio permanece bajo el embalse.

Una cruz recuerda el lugar donde estuvo la iglesia

Hoy, una cruz ubicada en medio del embalse señala el punto donde estuvo el altar de la antigua iglesia.

El símbolo mantiene viva la memoria del pueblo que quedó bajo el agua y recuerda a visitantes y habitantes que debajo del paisaje turístico existió una comunidad completa.

Cuando el nivel del embalse desciende, algunos vestigios vuelven a quedar a la vista y permiten imaginar cómo lucía el territorio antes de la inundación.

Pero la desaparición del Viejo Peñol no significó el final de su comunidad.

Un pueblo entero tuvo que comenzar de nuevo

Mientras el agua cubría el antiguo municipio, trabajadores y habitantes levantaban unos kilómetros más arriba un nuevo Peñol, diseñado para recibir a las familias desplazadas por el proyecto hidroeléctrico.

El Contrato Maestro estableció 95 cláusulas. A través de ellas, Empresas Públicas de Medellín asumió compromisos relacionados con la construcción del nuevo municipio, las indemnizaciones y la adaptación de los habitantes a su nuevo entorno.

El traslado representó mucho más que mover personas de un sitio a otro. La comunidad necesitaba recuperar viviendas, espacios públicos, servicios, una iglesia y lugares donde pudiera reconstruir su vida cotidiana.

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Cerca de 4.700 personas cambiaron de residencia durante este proceso. Incluso los restos de quienes descansaban en el cementerio del Viejo Peñol acompañaron a la comunidad.

La parroquia trasladó los restos hasta el nuevo camposanto para mantener unidos, al menos simbólicamente, a quienes formaban parte de la historia del municipio.

Una casa sobrevivió a la desaparición del antiguo pueblo

De las edificaciones del Viejo Peñol, una casa logró escapar del destino que esperaba al resto del municipio.

Los responsables del traslado desmontaron la vivienda y posteriormente la reconstruyeron en el Nuevo Peñol. Actualmente funciona como una casa museo y conserva parte de la memoria arquitectónica de la localidad desaparecida.

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Sin embargo, levantar un municipio nuevo no eliminó el sentimiento de pérdida.

Con el paso de los años, algunos habitantes manifestaron que las nuevas viviendas nunca lograron reemplazar completamente los hogares que dejaron atrás. También surgieron reclamos relacionados con el cumplimiento de algunos compromisos establecidos en el Contrato Maestro.

Para muchas familias, la nueva población ofreció un lugar donde continuar sus vidas, pero no borró el vínculo emocional con el antiguo territorio.

El Viejo Peñol permanece vivo en la memoria

Décadas después, el embalse forma parte de uno de los paisajes más reconocidos del oriente de Antioquia. Miles de personas recorren sus aguas sin imaginar que debajo permanece la huella de un pueblo entero.

Las casas ya no aparecen sobre el terreno y las calles dejaron de recibir a sus habitantes, pero quienes vivieron allí continúan transmitiendo sus recuerdos.

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