María del Mar Blanco Garrido, conocida públicamente como Marimar Blanco, nació el 29 de marzo de 1974 en Ermua, Vizcaya. Su vida quedó marcada para siempre en julio de 1997, cuando su hermano Miguel Ángel Blanco, entonces concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Ermua, fue secuestrado y asesinado por la organización terrorista ETA.
Desde aquel momento, se convirtió en una de las principales voces vinculadas a la defensa de la memoria de las víctimas del terrorismo.
Con el paso de los años, Marimar Blanco transformó el dolor personal en una labor pública centrada en recordar a quienes fueron víctimas de ETA y en reclamar reconocimiento para sus familias.
Además, asumió la presidencia de la Fundación Miguel Ángel Blanco, una institución creada con el objetivo de conservar el legado de su hermano y promover la memoria democrática frente a la violencia terrorista.
Asimismo, su figura ha adquirido relevancia dentro del ámbito político español. A lo largo de su trayectoria, ha ocupado diferentes responsabilidades como diputada en el Parlamento Vasco entre 2009 y 2012, diputada en el Congreso por Madrid entre 2016 y 2019, senadora desde 2023 y diputada en la Asamblea de Madrid desde 2021.
Desde sus distintos cargos institucionales, Marimar Blanco ha defendido la necesidad de mantener presente el recuerdo de las víctimas y ha insistido en que la sociedad no debe olvidar el sufrimiento provocado durante décadas por el terrorismo de ETA.

Por ello, su nombre continúa asociado al llamado 'Espíritu de Ermua', un movimiento ciudadano que nació tras el asesinato de su hermano y que simbolizó la unidad social contra la violencia.
La historia de Miguel Ángel Blanco y el dolor que marcó a toda España en 1997
El asesinato de Miguel Ángel Blanco se convirtió en uno de los episodios más impactantes de la historia reciente de España. El joven concejal del Partido Popular fue secuestrado por ETA el 10 de julio de 1997, después de que la organización terrorista exigiera al Gobierno el acercamiento de presos de ETA al País Vasco como condición para salvar su vida.
Durante las 48 horas que duró el secuestro, millones de personas salieron a las calles para reclamar su liberación. Las imágenes de ciudadanos con las manos pintadas de blanco recorrieron todo el país y se convirtieron en un símbolo de rechazo contra el terrorismo y de apoyo a la familia Blanco.
Sin embargo, pese a la movilización social sin precedentes, ETA cumplió su amenaza. Miguel Ángel Blanco fue encontrado gravemente herido el 12 de julio de 1997 en una zona cercana a Lasarte, en Guipúzcoa, después de recibir dos disparos. Falleció horas después en el Hospital Donostia, provocando una enorme conmoción nacional e internacional.

Para Marimar Blanco, aquellos días quedaron grabados como una experiencia de dolor y esperanza rota. En diferentes entrevistas ha explicado que durante el secuestro confiaba en que la presión ciudadana pudiera salvar a su hermano, ya que la respuesta de la sociedad española había sido masiva.
"Me costó entender que mi hermano era un héroe. Yo sólo veía la silla de la cocina vacía", ha recordado al hablar de los primeros momentos tras el asesinato. Con esta frase, la hermana de Miguel Ángel Blanco ha reflejado la dimensión más humana de una tragedia que afectó a miles de familias víctimas del terrorismo.
Además, ha señalado en numerosas ocasiones que el asesinato de su hermano supuso un punto de inflexión en la lucha contra ETA, al provocar una movilización social que debilitó la imagen pública de la organización terrorista y fortaleció el rechazo ciudadano a la violencia.
El documental sobre Miguel Ángel Blanco recupera las 48 horas que cambiaron España
En 2026, la historia de Miguel Ángel Blanco volvió al primer plano con el estreno del documental de Netflix 'Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo'. La producción reconstruye minuto a minuto el secuestro y asesinato del concejal de Ermua, además de analizar el impacto social y político que tuvo aquel acontecimiento.
El documental, dirigido por Jon Sistiaga y Juanjo López, presenta un formato de investigación periodística que combina imágenes de archivo, testimonios y nuevas reflexiones sobre uno de los momentos más importantes de la lucha contra ETA.
Entre los participantes aparecen figuras políticas y sociales relacionadas con aquellos acontecimientos, además de la propia Marimar Blanco, quien aporta su testimonio personal sobre la angustia vivida durante las horas en las que la sociedad española esperaba la liberación de su hermano.
La producción también incluye la participación del rey Felipe VI, en una de sus primeras apariciones en un documental de estas características, junto a otros protagonistas como José María Aznar, Jaime Mayor Oreja y Carlos Totorika, exalcalde de Ermua.
Además, el documental busca acercar esta parte de la historia reciente a las nuevas generaciones, muchas de las cuales no vivieron directamente la conmoción social provocada por el asesinato.
A través de los testimonios, la producción pretende explicar por qué aquel episodio marcó un antes y un después en la percepción social sobre ETA.
Para Marimar Blanco, mantener vivo este recuerdo continúa siendo una tarea fundamental. Su participación en el documental representa una nueva oportunidad para transmitir la importancia de la memoria, la dignidad de las víctimas y el valor democrático que surgió tras aquellos días de julio de 1997.
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