San Cipriano es uno de los santos más conocidos de la comunidad católica desde la antigüedad y hoy en día es considerado uno de los más poderosos, por lo que diversos feligreses le rezan con devoción, conoce su historia.

Cipriano nació en Siria, a principios del siglo III, siendo consagrado por sus progenitores a la diosa Afrodita. Provenía de una familia de creencias paganas, donde magos y brujos eran la mejor opción.

Desde muy pequeño le inculcaron el amor por la lectura y los conocimientos de rituales vinculados a la magia blanca y negra, hechizos y exorcismos. El joven Cipriano demostraba ser altruista y generoso con sus conciudadanos.

Cuando cumplió treinta años, regresó a Antioquía, su lugar de origen, para dedicarse a la magia blanca y negra, donde llegó a pactar con Lucifer. También realizaba embrujos de amor, aunque en personas con alta fe cristiana estos no surtían efecto.

¿Cuál es la historia de San Cipriano?

Tascio Cecilio Cipriano nació en el año 200, el 14 de septiembre, y falleció en 258. Se convirtió en un clérigo y escritor romano, obispo de Cartago (249-58), santo y mártir de la Iglesia católica, además de un autor importante del cristianismo primitivo.

Cierta vez, alguien se acercó al hechicero solicitándole que una bella mujer llamada Justina se enamorara de él. Sin embargo, ella estaba entregada al cristianismo y su fe religiosa impidió que el embrujo surtiera efecto en ella.

Cuenta la leyenda que, después de haber conocido a esta adorable chica, Cipriano quedó perdidamente enamorado de ella e intentó seguir con sus brujerías para que fuera suya, pero tampoco lo logró.

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Fue así como se encontró cara a cara con el mismo Satanás y le preguntó por qué le estaba fallando su artillería de magia negra al querer conquistar a Justina. Satanás le respondió que ella estaba bajo la protección de Dios y que, contra Él, nadie podía.

Desde ese momento, Cipriano inició su conversión al cristianismo para estar cerca de Justina. Con el tiempo, accedió a ser obispo de Antioquía. Entregó todos sus bienes a los más pobres y dedicó su vida a los humildes. De esta forma, logró ser el compañero de vida de la joven.

¿Cómo murió?

El 13 de septiembre de 258, el nuevo procónsul, Galerio, lo apresó debido a la persecución cristiana. Al día siguiente, fue sentenciado a morir por la espada. Su única respuesta fue "¡Gracias a Dios!".

La ejecución tuvo lugar cerca de la ciudad. Una gran multitud siguió a Cipriano en su último día. Se quitó sus prendas sin asistencia, se arrodilló, rezó y, tras vendarse los ojos, fue decapitado.

Desde ese día, sus huesos y los de Justina descansan en Roma, llevados por algunos cristianos que los lloraban desconsolados y dejados al cuidado de una mujer conocida como Rufina.

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A partir de su canonización, ambos santos, Cipriano y Justina, aparecen en el santoral el día 26 de septiembre como dos mártires reverenciados. Los fieles continúan invocándolos para pedir por sus milagros.

Temas como el amor, ya sea para atraerlo, recuperarlo o solucionar conflictos de pareja, son habituales en las peticiones de sus devotos, quienes rezan las oraciones más fervientemente, dedicadas al santo.