Media cuadra al noreste del Parque Central de Tegucigalpa hay una vieja casa de esquina pintada de amarillo y verde. No es una casa más del centro de la ciudad, sino un lugar reconocible para los capitalinos: el New Bar o Tito Aguacate.

Como pocos lugares del país, su interior ha presenciado las grandes trasformaciones del país a lo largo de décadas, y ha sido testigo de innúmeras conversaciones, reuniones y eventos culturales de todo género.

Y basta entrar al bar para ver su arquitectura del siglo XX, sus pisos de mosaico decorado, sus altas y gruesas paredes, su barra con leyendas escritas sobre la historia de sus tragos y la vieja estantería donde, como un suvenir de museo, se muestran botellas y curiosos objetos de todo género alusivos a la destilería, la historia y la cultura nacional e internacional, y al Club Deportivo Olimpia.

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Muestrario de objetos curiosos en el New Bar. Foto: Axel Flores.

Hay, además, una raída foto en blanco y negro que muestra la figura (ya vieja y encorvada) del doctor y general Tiburcio Carías Andino, cuyo régimen sitió al país durante más de 16 años (1933-1949), y cuyo recuerdo mantiene viva la memoria de una época de gloria para el Centro Histórico de la capital.

Es una escena natural, supongo, no tanto por el hecho de que Carías sea un político histórico en un bar histórico, sino porque fue durante su régimen, el 19 de febrero de 1945, cuando el comerciante Pedro Maradiaga inauguró, frente a la desaparecida Tipografía Nacional de la avenida Cervantes, el bar que, más tarde, se convertiría en el New Bar.

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Imagen del doctor y general Tiburcio Carías Andino. Foto: Axel Flores.

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A finales de la década de 1950, otro joven comerciante, José Valentín Pereira, que había llegado a Tegucigalpa desde Manzaragua, Güinope, y que había trabajado en el bar de Pedro Maradiaga, adquirió el negocio.

Ahí, durante sus años de servicio, Valentín también conoció a la salvadoreña Carlita Martínez, con quien formó una familia.

En 1957, Valentín trasladó el bar de la avenida Cervantes a la esquina donde ha funcionado desde entonces en la avenida Cristóbal Colón del Centro Histórico de Tegucigalpa. También, por supuesto, la bautizó con otro nombre y empezó la historia del New Bar.

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De izquierda a derecha: Karlita Martínez, José Valentín Pereira y Nando Pereira. Foto: Axel Flores.

Hoy, 81 años después de aquella primera etapa transcurrida entre de 1945 y 1957, y después de albergar miles de historias, anécdotas, políticos, artistas, intelectuales, extranjeros, amigos y calambres —trago típico del bar—, el icónico New Bar o Tito Aguacate, el bar más antiguo de Honduras, se queda solo en el Centro Histórico de Tegucigalpa.

Por ello, y como parte de una serie de reportajes sobre la difícil situación del Centro Histórico de la ciudad, tunota.com conversó con Fernando Pereira (Nando), hijo mayor de Valentín Pereira y Carlita Martínez quien, pese a la dificultades, sigue prolongando el legado de su familia y de la capital.

Hablamos con él sobre la historia del bar, el tradicional «Calambre» y la trágica situación que vive el otrora encantador y cultural centro de Tegucigalpa, convertido ahora en sitio de abandono, precariedad y peligro.

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Fachada principal del New Bar o Tito Aguacate en la avenida Cristóbal Colón del Centro Histórico de Tegucigalpa. Foto: Alex Flores.

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Comenzamos la conversación sobre los inicios del bar:

El bar comenzó frente de la Tipografía. Era un negocio grande de un padrino mío: Pedro Maradiaga. Él lo fundó el 45. Entonces, mi papá fue a trabajar ahí, y mi mamá también. Pero después, cuando mi papá compró el negocio, se vino para acá a esta esquina en 1957.

Sobre la inconfundible casa donde el bar ha funcionado desde 1957, nos relata que ahí, en esa casa de esquina, no solo funcionaba el bar, sino también las habitaciones familiares pues, además de él y sus padres, también vivían en ella sus tres hermanos menores: Carlos Alberto, Óscar René (Q.E.D) y Doris del Carmen.

Aquí nací yo, en esta casa. Aquí vivimos toda la familia hasta que yo tenía 13 años, dice, con cierta melancolía y nostalgia. 

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Vieja casona donde a comienzos del siglo XX funcionó la Casa Comercial José Kafati y Hermanos y donde, desde 1957, funciona el New Bar. Imagen: Cortesía.

Cuando le consultamos sobre qué otros bares importantes había en la Tegucigalpa de su juventud, recuerda emocionado a otros sitios como Las Camelias, El Guadalajara, Los Amigos de Villela, El Veracruz y otro montón de negocios importantes que, según él, daban vida, riqueza y cultura a la cuidad y a su gente.

Ahora solo yo he quedado aquí, dice, con una cierta tristeza. Bueno, también está el Duncan, pero es diferente, continúa.  

Sobre la actualidad el Centro Histórico, piensa que es un sitio caído en desgracia y el total abandono en el que ya no hay nada que merezca la pena visitar. Al contrario, donde antes hubo espacios culturales, museos, bares icónicos, cafés, suvenires, librerías y una importante hostelería, no queda nada de eso.

Al contrario, abunda el crimen, la violencia, la suciedad, la mendicidad y la decadencia cultural manifiesta en el deterioro general de un sitio que no solo alberga monumentos y lugares patrimoniales, sino que es, en sí mismo, patrimonio material e inmaterial de la nación.

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Pese a todo, el pasado febrero, el New Bar cumplió 81 años de atención ininterrumpida a la población capitalina, de Honduras y el mundo. Foto: Axel Flores.

Algo bueno no lo encontrás aquí: una buena cafetería, un cine. Antes había vida nocturna, billares, buses, cines: había de todo.  ¿Y a dónde va a ir ahora aquí? Es una lástima, concluye.

Al decir esto último, en la expresión de su rostro se adivina resignación, pero también inconformidad e impotencia.

Aquí ya no hay nada, termina.