El rugido de un motor fue, durante más de seis décadas, parte de la vida de Tulio Crespi, uno de los nombres más reconocidos de la construcción de autos de competición en Argentina.

El histórico preparador, diseñador, constructor y también piloto murió este 22 de septiembre de 2026, a los 88 años, dejando detrás una trayectoria marcada por la innovación, el trabajo artesanal y una estrecha relación con las pistas.

Crespi no se limitó a preparar vehículos para competir. Desde sus primeros trabajos comenzó a desarrollar sus propios diseños y, con el paso de los años, construyó autos que terminaron convirtiéndose en piezas reconocidas dentro de la historia del automovilismo argentino.

¿De qué murió Tulio Crespi?

La muerte de Tulio Crespi fue confirmada este 22 de septiembre de 2026. Tenía 88 años. Sin embargo, hasta ahora no se ha informado públicamente cuál fue la enfermedad específica que padecía.

La referencia a su estado de salud aparece en una carta que dejó preparada antes de morir. En el mensaje, Crespi habló de la enfermedad que enfrentaba durante la última etapa de su vida, aunque no identificó el diagnóstico.

Por ello, con los datos que se han hecho públicos, no es posible atribuir su muerte a una enfermedad concreta. Lo que sí se conoce es que atravesaba un problema de salud y que, pese a ello, permaneció vinculado al trabajo y a los proyectos de su familia.

Collage de fotos de Tulio Crespi
Tulio Crespi dedicó más de seis décadas a la construcción y preparación de autos de competición, una trayectoria que lo convirtió en uno de los grandes referentes del automovilismo argentino. Foto: Cortesía.

La carta con la que Tulio Crespi se despidió

La despedida de Crespi tuvo un significado especial porque dejó escrita una carta para ser publicada después de su muerte. Fiel al lenguaje que acompañó toda su vida, utilizó una referencia al automovilismo para describir el momento de su partida.

"Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera", escribió en uno de los pasajes del mensaje. Con esas palabras, convirtió su última despedida en una especie de cierre simbólico de la carrera que comenzó décadas atrás frente al volante de sus primeros autos.

En la carta también dejó claro cómo quería ser recordado. Su intención no era que su muerte eclipsara la historia que había construido durante décadas, sino que quienes lo conocieron pusieran la mirada en la vida que llevó, en su trabajo y en los vehículos que salieron de sus talleres.

Tulio Crespi y sus primeros pasos en el automovilismo

Orlando Tulio Crespi nació el 22 de junio de 1938 en Buenos Aires. Su vínculo con los motores comenzó desde joven y, durante la década de 1960, empezó a abrirse camino en un ambiente en el que la construcción artesanal tenía un papel fundamental.

En 1963 construyó el Tulia 1, un monoposto equipado con un motor NSU. La particularidad es que Crespi no se quedó detrás del diseño: también se sentó al volante del vehículo y consiguió ganar en su debut.

Aquella victoria fue el comienzo de una trayectoria que terminaría extendiéndose durante más de medio siglo.

Con el crecimiento de su actividad, comenzó a producir distintos chasis y autos destinados a categorías del automovilismo argentino.

Su trabajo alcanzó competencias como Fórmula Renault, Turismo Carretera, TC 2000, Fórmula 2 Nacional y Fórmula 3 Sudamericana, entre otras.

Tulia, Tulieta y el Petiso-Torino: los autos que marcaron su historia

A lo largo de su carrera, Crespi desarrolló varios modelos que quedaron asociados a su apellido. Entre ellos destacan la Tulia GT y la Tulieta GT, vehículos con los que mostró que su trabajo podía trascender la preparación de autos para las pistas.

Uno de sus proyectos más recordados fue el Petiso-Torino, una particular versión construida a partir de un Torino de competición. El proyecto surgió después de un accidente sufrido por el piloto Nasif Estéfano, cuando el vehículo quedó seriamente dañado.

Crespi decidió reconstruirlo y realizar importantes modificaciones. El resultado fue un automóvil más bajo y con una apariencia singular que terminó ganándose el apodo de Petiso-Torino y convirtiéndose en una de las creaciones más conocidas de su trayectoria.

Su trabajo también llegó al escenario internacional. En 1975, la Tulia GT y la Tulieta fueron exhibidas en el Salón del Automóvil de París, un reconocimiento que permitió mostrar fuera de Argentina el trabajo que Crespi venía desarrollando en sus talleres.

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