El caso de Leyla Monserrat, una adolescente de 15 años originaria de Sonoyta, Sonora, se convirtió en uno de los episodios más impactantes de violencia juvenil registrados en México durante 2025.
La menor fue asesinada presuntamente por dos de sus amigas, también menores de edad, en un hecho que no solo causó dolor en su entorno cercano, sino que además generó una profunda indignación a nivel nacional.
De acuerdo con las investigaciones, los hechos ocurrieron entre el 25 y 26 de septiembre de 2025, cuando Leyla fue citada bajo engaños. Las agresoras le habrían prometido una "sorpresa", lo que la llevó a trasladarse hasta una zona aislada conocida como El Desierto, en el municipio de General Plutarco Elías Calles, en Sonora.
Una vez en el lugar, la situación tomó un giro trágico. La adolescente fue privada de su libertad, inmovilizada y posteriormente asesinada. El dictamen forense determinó que la causa de muerte fue asfixia mecánica, lo que confirmó la violencia ejercida durante el crimen.
Este hecho, por su crudeza y por la edad de las involucradas, rápidamente escaló en la agenda pública. Además, abrió un debate sobre la violencia entre menores y la falta de prevención en entornos escolares y sociales.
Video original completo del caso Leyla Monserrat
Uno de los elementos más perturbadores del caso fue la existencia de un video grabado durante el crimen de Leyla Monserrat. Según las autoridades, una de las agresoras utilizó un teléfono celular para registrar lo ocurrido, lo que posteriormente se convirtió en una pieza clave dentro de la investigación judicial.
Sin embargo, el material no tardó en filtrarse. En cuestión de horas, el video comenzó a circular en distintas plataformas digitales como WhatsApp, Instagram y X, generando una ola de indignación, pero también preocupación por la exposición de contenido extremadamente sensible.

Incluso, el video llegó de manera anónima a la madre de la víctima, Carmen Angélica Becerra, quien lo presentó ante las autoridades como evidencia. Este hecho añadió una capa adicional de dolor para la familia, al enfrentarse directamente con las imágenes del crimen.
Ante esta situación, tanto autoridades como especialistas han reiterado el llamado a la ciudadanía para evitar compartir este tipo de contenido. La difusión no solo vulnera la dignidad de la víctima, sino que también puede provocar efectos traumáticos en quienes lo visualizan.
Motivo del feminicidio de Leyla Monserrat
En cuanto al móvil del crimen, las investigaciones apuntan a un conflicto de tipo sentimental. De acuerdo con versiones oficiales y reportes mediáticos, una de las agresoras habría actuado por celos, al sentirse desplazada por la relación que Leyla mantenía con un joven que también le interesaba.
No obstante, el caso revela una problemática más profunda. La madre de la víctima denunció que su hija era objeto de burlas y acoso constante por parte de las mismas adolescentes, quienes incluso la discriminaban por su color de piel.
Este contexto previo sugiere que la violencia no fue un hecho aislado, sino el resultado de una escalada de agresiones.

Este tipo de situaciones ha encendido las alarmas sobre el bullying y la violencia entre menores, fenómenos que, aunque frecuentes, muchas veces no reciben la atención necesaria hasta que derivan en tragedias.
Especialistas en conducta juvenil han advertido que la combinación de acoso, celos y falta de intervención oportuna puede desencadenar conductas extremas. Por ello, insisten en la importancia de fortalecer los mecanismos de detección temprana y apoyo emocional en escuelas y comunidades.
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Sentencia del caso Leyla Monserrat
Uno de los aspectos que más controversia ha generado es la resolución judicial. El caso fue procesado bajo el sistema de justicia para adolescentes, lo que derivó en penas considerablemente menores en comparación con la gravedad del delito.
En concreto, una de las menores recibió una condena de aproximadamente 2 años y 10 meses de internamiento en un centro especializado. Por su parte, la otra implicada obtuvo una sanción de libertad asistida por 11 meses, además de una multa económica que ronda los 5,000 pesos mexicanos.
Estas medidas han sido duramente cuestionadas tanto por la familia de la víctima como por diversos sectores de la sociedad. La principal crítica radica en la desproporción entre el delito (considerado un feminicidio) y las sanciones impuestas.
Además, la reparación económica fue señalada como insuficiente, ya que ni siquiera cubría los gastos funerarios. Este elemento ha sido interpretado como una falta de sensibilidad institucional frente al dolor de la familia.
Tras conocerse los detalles del caso, la reacción social no se hizo esperar. En redes sociales, miles de usuarios expresaron su indignación, cuestionando la eficacia del sistema de justicia cuando los responsables son menores de edad.
La familia de Leyla, por su parte, ha alzado la voz de manera constante. Han exigido una revisión del caso y un endurecimiento de las sanciones, argumentando que la brutalidad del crimen amerita una respuesta más contundente por parte del Estado.
Organizaciones de derechos humanos también se han sumado a estas demandas. Consideran que este caso pone en evidencia vacíos legales y la necesidad de replantear los alcances del sistema de justicia juvenil en delitos graves como el feminicidio.
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