Y es que, durante sus dos partos los médicos le aplicaron antiinflamatorios, mismos que le causaron una reacción alérgica y le dejaban secuelas riesgosas para su vida.
"Tan pronto como fui a la habitación después del nacimiento de mi hijo comencé a sentirme enferma. Mi cuerpo hormigueaba, mi glotis se cerró, ya no podía hablar y tenía dificultad para respirar. Casi muero", contó a BBC sobre la primera experiencia en 2011.
La segunda crisis llegó justo un año después, al someterse a otra cesárea y recibir los mismos medicamentos.
Tras ambas experiencias, decidió proteger su vida y en 2018 le pidió a un tatuador que en su brazo izquierdo le hiciera la lista de los medicamentos a los que es alérgica y aquellos que sí puede recibir.
"Mi mayor preocupación es tener un accidente, perder el conocimiento y no poder explicar mis alergias. Usar una cadena que describa las alergias o escribirlo en mi billetera o celular no me funciona", aseguró.

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