Habían pasado apenas unos minutos desde el último contacto con la torre de control cuando el silencio se apoderó de todo. No hubo una llamada de auxilio, tampoco señales de emergencia y no hubo restos.
El helicóptero en el que viajaba el presidente de la Corte Suprema de Justicia de Honduras, Óscar Armando Ávila, desapareció en medio del Caribe hondureño y, 26 años después, el país sigue sin saber qué ocurrió.
Lo que comenzó como una operación de búsqueda por mal tiempo terminó convirtiéndose en uno de los misterios más desconcertantes de la historia reciente de Honduras.
A bordo de aquella aeronave viajaban cinco personas y ninguna volvió a ser vista.
La desaparición del presidente de la Corte
Era el 30 de septiembre del año 2000. Honduras permanecía bajo los efectos de las lluvias provocadas por la tormenta tropical Keith, un fenómeno que castigó buena parte del territorio nacional y complicó la navegación aérea y marítima.
Ese día, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Óscar Armando Ávila, abordó un helicóptero Bell-206 propiedad de una empresa privada.
La aeronave despegó desde Roatán con destino a la zona de Jutiapa, Atlántida. Junto a él viajaban su ayudante personal, José Sarmiento; el diputado liberal Donaldo Villatoro Hall; el administrador judicial para la zona norte, Antonio Salazar; y el piloto José Santos Ferrufino.
Nada hacía presagiar que aquel sería un vuelo sin regreso.

El último contacto antes del misterio
La última comunicación con la torre de control del aeropuerto Golosón, en La Ceiba, se registró a la 1:28 de la tarde.
Según los reportes de Aeronáutica Civil de la época, el helicóptero se encontraba a pocos kilómetros de su destino cuando el piloto informó sobre su ubicación.
Era una distancia corta y el aterrizaje parecía inminente, pero después de ese contacto, no volvió a escucharse ninguna comunicación.
Las autoridades perdieron el rastro de la aeronave mientras sobrevolaba una zona afectada por las condiciones climáticas adversas que provocaba la tormenta Keith.
La desaparición activó de inmediato una de las operaciones de búsqueda más importantes de aquellos años.
La búsqueda que nunca encontró respuestas
Aeronaves de la Fuerza Aérea Hondureña y embarcaciones de la Fuerza Naval iniciaron labores de rastreo en el Caribe.
Sin embargo, el mal tiempo obligó a suspender temporalmente parte de las operaciones.
Mientras tanto, efectivos militares, policías y cuerpos de socorro continuaron recorriendo áreas montañosas y comunidades cercanas con la esperanza de encontrar indicios de un aterrizaje de emergencia.
Las horas se transformaron en días y los días se transformaron en semanas. Al final, esas semanas terminaron convirtiéndose en años.
Ni en el mar ni en tierra aparecieron rastros concluyentes del helicóptero Bell-206 ni de sus ocupantes.

El piloto que sobrevivió a otro accidente aéreo
Uno de los detalles que más llamó la atención durante la investigación fue la identidad del piloto.
José Santos Ferrufino era un aviador experimentado. Tres años antes era quien conducía el helicóptero en el que el entonces expresidente Carlos Flores sufrió un accidente aéreo en la región central del país durante la campaña electoral de 1997.
A pesar de su experiencia y conocimiento de la ruta, tampoco hubo señales que permitieran reconstruir con certeza qué ocurrió durante los últimos minutos del vuelo.
La desaparición alimentó numerosas especulaciones a lo largo de los años, pero ninguna se sustentó con pruebas.
Un misterio que Honduras nunca logró resolver
La desaparición del presidente de la Corte Suprema de Justicia marcó un hecho sin precedentes en la historia institucional del país.
No se trató de cualquier funcionario, era el máximo representante del Poder Judicial hondureño.
Sin embargo, ni la relevancia de las víctimas ni los recursos movilizados en la búsqueda fueron suficientes para despejar el misterio.
Veintiséis años después, la historia continúa atrapada en el mismo punto donde comenzó: una última comunicación, un helicóptero perdido entre las lluvias y cinco personas que desaparecieron sin dejar rastro.
El tiempo borró titulares, gobiernos y generaciones enteras, pero no las preguntas. Porque mientras Honduras encontró respuestas para muchos de sus episodios más oscuros, el destino de Óscar Armando Ávila y de quienes viajaban con él sigue suspendido en el aire, como aquel último vuelo que partió hacia La Ceiba y jamás regresó.
Lea también: Helicóptero militar de EE. UU. se accidenta y deja cuatro heridos en Comayagua
