El Triángulo Norte de Centroamérica enfrenta un cáncer que corroe sus cimientos: la corrupción.

Durante los últimos 33 años, este flagelo ha permeado las instituciones, consolidando redes de impunidad y debilitando los Estados de Derecho en Honduras, Guatemala y El Salvador.

El informe elaborado por Acción Ciudadana, Cristosal y el FOSDEH destaca un panorama desolador: la corrupción no es un fenómeno aislado, sino una práctica enquistada en las estructuras sociales, políticas y económicas.

En Honduras, los ejemplos son evidentes y dolorosos. Desde el encarecimiento de servicios básicos hasta la infiltración del narcotráfico en las fuerzas de seguridad.

El impacto de la corrupción alcanza todos los niveles de la vida cotidiana, perpetuando desigualdades y frustrando los esfuerzos de desarrollo.

Siete grandes hallazgos

Primero, la corrupción e impunidad como freno al desarrollo social, esto porque la corrupción en Honduras está en todos los niveles sociales, y no se limita al sector público.

Empresas privadas y actores políticos se benefician de un sistema que excluye deliberadamente a los sectores más vulnerables, perpetuando un ciclo de pobreza y desigualdad.

Segundo, el rol cuestionable de las organizaciones políticas, en donde los partidos políticos, lejos de liderar un cambio, perpetúan la corrupción a través de prácticas clientelistas.

La falta de rendición de cuentas y la ausencia de propuestas anticorrupción reales mantienen a la población en un estado de desconfianza y resignación.

Tercero, los riesgos para quienes combaten la corrupción jueces, fiscales y defensores de derechos humanos enfrentan amenazas, agresiones y, en algunos casos, la muerte.

El Estado hondureño no garantiza su seguridad, dejando un vacío en la protección de quienes trabajan por la justicia.

Cuarto, la dispersión de las Organizaciones de Sociedad Civil contra la corrupción, en la que muchas organizaciones evitan acciones directas contra ese flagelo.

Sin embargo, movimientos ciudadanos, como el de los indignados, demuestran el potencial transformador de la acción colectiva.

Quinto, la necesidad de una misión internacional donde experiencias como la MACCIH (Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras) mostraron que las misiones internacionales son esenciales para combatir la corrupción.

Una nueva misión, más sólida y de largo plazo, podría ayudar a cambiar las dinámicas en Honduras.

Sexto, la falta de compromiso institucional en la que muchas instituciones públicas no participan activamente en la lucha contra la corrupción, operando como “islas” de opacidad.

Esto refuerza la necesidad de una supervisión externa que garantice transparencia y rendición de cuentas.

Y por último, la pasividad de los partidos políticos, los que no asumen un rol activo en la lucha contra la corrupción.

Para cambiar esto, se necesitan medidas como la selección transparente de candidatos y un control más estricto del financiamiento político.

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Honduras, un país acostumbrado a la corrupción

El informe revela cómo frases cotidianas como “aquí todo se lo roban” o “hay que tener buen cuello” reflejan la normalización de la corrupción en la sociedad hondureña.

Esta aceptación colectiva permite que el fenómeno se perpetúe, afectando desde la calidad de los servicios públicos hasta la confianza ciudadana en el sistema político.

Recomendaciones para un cambio real

El Centro contra la Corrupción y la Impunidad en el Norte de Centroamérica (CCINOC) propone medidas concretas para enfrentar la corrupción, entre ellas:

  • Promover resultados tangibles, como asegurar la transparencia en la entrega de recursos públicos.
  • Fortalecer la protección a funcionarios y activistas anticorrupción.
  • Coordinar mejor las acciones de las OSC para garantizar mayor impacto.
  • Instaurar una misión internacional de largo plazo, con aprendizajes de experiencias previas.

El clamor social contra la corrupción es evidente, pero también lo es la necesidad de un liderazgo comprometido que traduzca en acciones concretas.

Mientras Honduras lucha por liberarse de esta pesada herencia, el informe del CCINOC destaca que el cambio es posible si sociedad civil, instituciones y actores internacionales trabajan juntos para construir un futuro más transparente y justo.

Honduras no puede esperar otros 33 años. El momento de actuar es ahora.