La madrugada del 12 de agosto de 2019 no fue una más en la colonia Torocagua, en Comayagüela. Fue la noche en que un grito se coló entre las láminas y las paredes de concreto. Un grito que los vecinos escucharon, pero que no lograron detener a tiempo para evitar un femicidio.

Lo que ocurrió dentro de aquel taller automotriz no solo sacudió a una comunidad: dejó una cicatriz que, siete años después, sigue abierta.

Cleofás Castejón Bardales no era un desconocido en la zona. Vivía y trabajaba en ese mismo taller donde decidió acabar con la vida de su pareja, Frania Ondina Mondragón, una mujer de 32 años, madre de dos adolescentes, que había construido su vida lejos de su natal Choluteca.

Lo que vino después convirtió el caso en uno de los más brutales registrados en Honduras en los últimos años.

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Femicidio: una herida que sigue abierta en la Torocagua

Las investigaciones de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) establecieron que, tras una discusión, Castejón Bardales asfixió a Frania.

Sin embargo, la violencia no terminó ahí. El dictamen médico legal reveló un dato aún más perturbador: el cuerpo fue desmembrado cuando la víctima aún presentaba signos de vida.

Dentro del taller, mientras la ciudad dormía, el agresor cortó el cuerpo de la mujer en múltiples partes e intentó desaparecerlo.

Primero quiso abrir un desagüe para deshacerse de los restos, pero, al lograrlo, optó por esconderlos en un barril de plástico, como si pudiera borrar todo lo ocurrido con solo cerrar una tapa.

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El agresor Cleofás Castejón Bardales y la víctima, Frania Ondina Mondragón. Foto: redes sociales.

El hallazgo que lo cambió todo

Fueron los vecinos quienes, alertados por los ruidos y los gritos, comenzaron a sospechar que algo no estaba bien.

Horas después, el propietario del taller intentó ingresar y, al no recibir respuesta, buscó apoyo policial.

Lo que encontraron dentro no fue una escena cualquiera: era la evidencia de un crimen que desbordaba cualquier explicación racional.

Los agentes descubrieron el barril y dentro, los restos de Frania. Afuera, el silencio se sentía en una colonia que apenas comenzaba a entender la magnitud de lo ocurrido.

La condena que no borra el horror

A través de la Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV), el Ministerio Público obtuvo una condena de 22 años y seis meses de prisión mediante procedimiento abreviado.

El responsable admitió el crimen y la justicia llegó en términos legales, pero no en términos emocionales.

Porque hay casos que no terminan con una sentencia y este es uno de ellos.

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Siete años después, la herida sigue abierta

El nombre de Frania Ondina Mondragón no desapareció con el paso del tiempo. Su historia sigue siendo recordada no solo por la brutalidad del hecho, sino porque representa algo más profundo: la violencia que muchas mujeres enfrentan en silencio, incluso dentro de sus propias relaciones.

Siete años después, la Torocagua no olvida el femicidio y tampoco lo ha hecho un país donde los casos de violencia contra la mujer continúan repitiéndose con patrones que parecen no romperse.

El crimen ocurrió en un taller, sí, pero el horror trascendió esas paredes y se instaló en la memoria colectiva.

Desde entonces, cada vez que se recuerda, vuelve a incomodar, a doler, a exigir respuestas que aún no llegan. Porque hay historias que no se entierran. Y esta es una de ellas.

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