Había algo que ni las balas ni las capturas parecían romper: el poder de Nahum Medina, alias "Tacoma" dentro del Barrio 18.
Mientras otros cabecillas caían, los asesinaban o reemplazaban, él siguió ocupando el escalón más alto de la estructura criminal.
Su autoridad llegó a ser tan grande que, según las autoridades policiales, algunos de sus seguidores levantaron un santuario donde realizaron rituales para protegerlo y evitar que muriera.
Aquella escena llamó la atención cuando fue descubierta por investigadores en un operativo.
Entre velas, símbolos y objetos utilizados en ceremonias, sobresalía la fotografía de "Tacoma", considerado durante años la máxima autoridad del Barrio 18 en Honduras.
Para los agentes, aquel altar era "una muestra del nivel de influencia que alcanzó dentro de la organización".
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Tacoma: del pandillero de calle al jefe máximo del Barrio 18
Nahum Medina, identificado también bajo la identidad de Obed Isaí Alemán Iscoa, no era un pandillero cualquiera.
Con el paso de los años dejó atrás el papel de integrante de base hasta convertirse, según investigaciones en el hombre que coordinó las decisiones más importantes de la Pandilla 18 en el país.
Su imagen reflejó ese poder y solía aparecer según un reporte de Insight Crime, con una gruesa cadena de oro colgando del cuello y un anillo con el número 18 grabado, símbolos que exhibía como una declaración de pertenencia absoluta.
Para quienes lo conocían dentro de la organización, la pandilla no era una etapa de la vida, era un compromiso permanente.
Ese ascenso no ocurrió por casualidad, "Tacoma" consiguió convertirse en la referencia nacional de una organización dedicada, según investigaciones, al control territorial, la extorsión, el narcomenudeo, los homicidios por encargo y otras actividades criminales.

Un poder que sobrevivía a las rejas
Para entonces, la cárcel ya no era un obstáculo para los principales líderes de la pandilla.
Investigaciones sobre el funcionamiento del Barrio 18 sostienen que varios cabecillas ejercían autoridad desde prisión, manteniendo comunicación con las estructuras que operaban en libertad.
"Tacoma" lo señalaron como uno de esos líderes cuya palabra descendía por una cadena de mando.
Esa cadena la integraron los responsables territoriales y jefes de distintas células, que mantenían el control de barrios y colonias en diferentes zonas del país.
Aquello demostró que el verdadero poder de la Pandilla 18 no dependía de quién estuviera en las calles, sino de quién decidía.
El santuario que alimentó la leyenda
Sin embargo, ningún episodio retrató mejor la dimensión simbólica de Nahum Medina que el hallazgo del santuario donde aparecía su fotografía.
En una vivienda escondida en una zona montañosa del sector El Kilómetro, en Choloma, Cortés, en octubre de 2023, agentes de la entonces DIPAMPCO encontraron un altar que parecía sacado de una película.
Entre velas, fotografías y objetos utilizados para rituales sobresalía la imagen de Nahum Medina, alias "Tacoma".
Según las autoridades, aquel santuario se usó para realizar ceremonias con el propósito de proteger al cabecilla y evitar que fuera asesinado.
Las autoridades informaron que en ese lugar se realizaban rituales destinados a brindarle protección espiritual.
Aunque nunca se acreditó judicialmente que él participara en esas prácticas, el descubrimiento reveló hasta dónde llegó la admiración o el temor que despertó entre algunos integrantes de la organización.

Un nombre que llegó a representar el mando
Durante años, mencionar el alias "Tacoma" dentro de la Pandilla 18 significa hablar de la autoridad más alta de la organización en Honduras.
Su figura se asoció a una etapa en la que la pandilla consolidó una estructura que creció en el país.
La Pandilla 18 era capaz de mantener operaciones incluso cuando sus principales dirigentes estaban encarcelados.
El santuario descubierto por las autoridades no explica por sí solo quién fue Nahum Medina.
Pero sí resume el nivel de poder que construyó un hombre cuya fotografía terminó en un altar porque algunos creían que, mientras los rituales continuaran, nadie podría acabar con él.
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