La reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario hondureño, Nasry Asfura, está confirmada, aunque todavía no se ha definido una fecha oficial, pero sí los temas que formarán parte de la agenda.
La expectativa gira en torno a temas sensibles como la reducción de aranceles, la atracción de inversión extranjera y la migración, asuntos que, según analistas, no pueden abordarse desde una lógica simplista.
Expertos advierten que, aunque existe una cercanía política inédita entre ambos mandatarios, negociar a cero los aranceles con Estados Unidos implica enfrentar intereses económicos, comerciales y geopolíticos de gran peso.
Desde abril de 2025, la administración de Trump aplica una tasa del 10 % a las importaciones de su país, incluyendo productos hondureños.
En el programa de este lunes de Frente a Frente de Canal 5 se abordó el tema "A propósito de la reunión Trump–Asfura, probablemente esta semana en Mar-a-Lago: no será 'comida de trompudo' negociar a cero los aranceles con Estados Unidos", un debate que permitió contextualizar los retos reales que enfrenta Honduras en su relación con su principal socio comercial.
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El análisis contó con la participación de Edgardo Leiva, miembro de la junta directiva del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), y Antonio García, ex subsecretario de Asuntos Consulares y Migratorios de la Cancillería hondureña, quienes ofrecieron visiones complementarias desde el ámbito técnico-comercial y el político-diplomático.
Visiones desde la mesa de análisis
Antonio García destacó que el hecho de que la reunión esté confirmada, aun sin fecha, ya representa una señal política relevante por parte de Washington. A su criterio, un eventual encuentro en Mar-a-Lago eleva el nivel del diálogo bilateral.
"Cuando el presidente de Estados Unidos decide recibir a otro jefe de Estado, no lo hace a la ligera. Generalmente, estas reuniones se concretan cuando hay condiciones para que salgan decisiones claras. Mar-a-Lago no es un espacio cualquiera; es un entorno donde Trump suele cerrar acuerdos y enviar mensajes políticos fuertes", señaló García.

El exfuncionario subrayó que la afinidad ideológica entre ambos mandatarios podría facilitar acuerdos en temas como migración, seguridad regional y cooperación estratégica, pero aclaró que Estados Unidos negocia siempre en función de sus propios intereses.
El peso de las reglas comerciales
Desde una óptica técnica, Edgardo Leiva advirtió que Honduras llega a esta negociación con debilidades internas acumuladas durante años, especialmente en el cumplimiento de compromisos asumidos en el marco del CAFTA-DR.
"El problema no es el tratado ni Estados Unidos. El problema es que Honduras no hizo la tarea durante los años de desgravación. No fortalecimos sectores sensibles ni ordenamos nuestra normativa interna, y eso nos pasó factura", afirmó.
En el caso del maíz, aseguró que existen distorsiones, ya que mientras el grano blanco está protegido con un arancel del 40 %, el maíz amarillo ingresa sin gravamen, pese a que originalmente era para la agroindustria y hoy se destina al consumo humano.
Leiva explicó que productos como café, banano, otras frutas y hortalizas ya ingresan al mercado estadounidense con cero arancel, porque ese país los necesita para su consumo interno. Sin embargo, el golpe más fuerte se concentra en la industria manufacturera, particularmente en los arneses automotrices, gravados con un 25 % cuando anteriormente era cero arancel.
"Ese arancel resta competitividad y pone en riesgo miles de empleos en la zona norte. Frente a países como México, Honduras queda en desventaja inmediata", agregó.
Antonio García destacó la urgencia de que Honduras logre que Estados Unidos elimine el arancel del 25 % a los arneses, al advertir que, de mantenerse esa medida, la industria podría salir del país, poniendo en riesgo al menos 25 mil empleos.
Migración, campo y empleo
Ambos panelistas coincidieron en que la migración debe formar parte central del discurso hondureño en la negociación. García sostuvo que fortalecer la producción rural y el empleo local contribuye directamente a reducir la migración irregular, una de las mayores preocupaciones de Washington.
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Leiva, por su parte, insistió en que Honduras debe explicar la profunda asimetría entre sus pequeños productores y la agroindustria estadounidense.
"No se puede comparar a un productor hondureño con dos manzanas de maíz frente a una agroindustria que opera miles de hectáreas mecanizadas. Honduras necesita tiempo, normas claras y una agenda complementaria para evitar que el campo siga expulsando población", indicó.
Durante el debate también se enumeraron las principales reclamaciones de inversionistas estadounidenses: inseguridad jurídica, incumplimiento de contratos, decisiones administrativas poco confiables y un clima adverso para la inversión.
Aunque se reconocieron señales de cambio desde el nuevo gobierno dirigido por Nasry Asfura, los expertos coincidieron en que aún se requiere mayor certeza institucional.
Un momento clave para la relación bilateral
El análisis en Frente a Frente concluyó que la confirmación de la reunión Trump–Asfura abre una oportunidad estratégica para Honduras, pero no garantiza resultados automáticos.
La reducción de aranceles, la atracción de inversión y el impacto en la migración dependerán de la capacidad del país para negociar con realismo, corregir fallas internas y ofrecer reglas claras y previsibles a su principal socio comercial.
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