Una tarde cálida, la brisa del mar y el canto de los pájaros, qué mejor manera de disfrutar la vida que saber que uno está en la joya del sur, Amapala.

Amapala deja en quienes la visitan los más bellos y dulces recuerdos. Cada vez que uno avanza más hacía la Isla del Tigre es imposible no emocionarse al imaginar todo lo que ahí te puede esperar.

Un punto medio en el Golfo de Fonseca entre El Salvador, Nicaragua y Honduras, lleno de agradables pobladores, que prefieren ser llamados, con mucho orgullo “amapalinos”.

La mayoría de su población se dedica a las actividades de pesca o relacionadas al turismo.

Desde el lanchero que te transporta desde Coyolito hacia Amapala, el guardia de seguridad que está esperándote con una grata sonrisa en el muelle, los vendedores ambulantes, los dueños de hoteles, sabes que estás en uno de los mejores lugares de Honduras.

Es misión imposible estar en Amapala y no enamorarse. Y hablo de amor a su encanto, a su naturaleza, no de una persona, sino de las hermosas vistas que nos regala todos los días, con un colorido atardecer.

Ya en la perla

Los amapalinos no solo son personas muy amables, humildes y trabajadoras, sino que unos grandiosos anfitriones, dedicados cocineros que pareciera que la receta secreta para su deliciosa gastronomía son pizcas de amor.

Que nunca falte el pescado frito, las baleadas y el buen pollo que se pueden encontrar en varias partes de la isla, con distintas sazones, pero muy deliciosos.

Parece que entre todo lo que ha arribado a la isla, la palabra odio nunca ha sido parte de la tripulación.

La envidia es un sentimiento fuerte y al ver como los niños juegan en las calles con tanta libertad, tanta alegría, desearía retroceder un par de años para poder jugar con ellos o como ellos.

Quien diga qué no se puede viajar a través del tiempo, claramente nunca fue a esta bella Isla, pues aunque hay uso de tecnología, te desconectas por completo para disfrutar de lo que tienes enfrente.

Amapala fue catalogada como uno de los “destinos mágicos en Honduras” por la revista National Geographic.

Lo mejor de este paraíso es que puede ser recorrido por completo en un día y aun así vas a querer estar más tiempo disfrutando de sus bellezas.

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