Santiago Herrera es un hombre con personalidad modesta y con tono de voz cauto. En las mañanas, cuando ingresa a su oficina, saluda amablemente a cada persona que ve. Es de estatura media, mide algunos 1.75 metros, y su aspecto es bastante prolijo. 

Utiliza anteojos de aro grueso, ochenteros, y su atuendo del día lo componen un bien cortado traje azul con solapa delgada, una camisa blanca con cuello italiano, una corbata roja con puntos blancos y unos mocasines negros. 

"Buenos días", me dice, "estoy vestido de esta forma porque tengo que atender un evento saliendo de acá", añade. 

Economista y máster en economía empresarial, ha desarrollado su carrera profesional en tres lugares distintos. La inició en el Banco Central de Honduras (BCH), donde empezó como economista auxiliar y finalizó como subgerente del banco después de 20 años.

Luego pasó a la Fundación para la Inversión y Desarrollo de Honduras (FIDE), un extinto proyecto financiado por el Banco Mundial (BM), y ahora es gerente de Política Económica en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep). 

A pesar de su dilatada trayectoria en el rubro económico, se puede percibir que es un hombre sensible que no olvida sus orígenes. "Soy de La Ceiba y cuando era niño mi única diversión era nadar en el río Cangrejal con mis amigos", recuerda. 

Acto seguido, saca su teléfono de la bolsa de su saco y muestra una foto con su esposa, Lesly Alcántara, con quien también aparece en su perfil de WhatsApp. "El amor de mi vida", exclama.

"Ella y mis hijos", agrega, "son mi mayor felicidad". Posteriormente, entre risas y con un inocultable brillo en sus ojos, describe a sus nietos como "su gran amor". 

Santiago Herrera junto a su esposa, Lesly Alcántara. Foto: Archivo de Santiago Herrera

Santiago es un hombre acostumbrado a brindar declaraciones a medios de comunicación y, por su conocimiento y su experiencia, suele ser consultado para abordar temas económicos. Sin embargo, en esta ocasión atendió a tunota.com para hablar de él, de su vida, de lo que se esconde detrás de ese señor con apariencia seria.

Pregunta: ¿Cómo fueron sus primeros años de vida? 

Respuesta: Nací en La Ceiba, Atlántida, en un hogar de obreros. Mi padre trabajaba en una planta de fabricación de jabón y mi madre en una de calzado, ambas estrechamente relacionadas con la Standard Fruit Company.

Mi infancia fue feliz, pobre, pero feliz. Tenía cerca el río Cangrejal, mi principal diversión, donde aprendí a nadar con mis amigos. También disfrutábamos de los partidos -según la temporada- de fútbol o béisbol. Por cierto, soy aficionado del Club Deportivo y Social Vida, uno de los pocos que hay en la capital ja, ja, ja. 

P: ¿Sus estudios? 

R: Estudié en dos escuelas y me gradué en 1977 del instituto San Isidro, como perito mercantil y contador público. Después, cuando concluí el bachillerato, le pedí a mi padre que me apoyara para ir a la universidad. Él deseaba que estudiara ingeniería agrónoma, sin embargo, nunca tuve esa preferencia.

Yo quería estudiar economía en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y, de ese modo, gracias a una beca y al apoyo de mis padres y de mi tía Carmen, quien me recibió en la colonia Kennedy, logré sacar la carrera desde 1978 a 1981.

Me gradué en 1982 y, años más tarde, volví a ser becado, en esa ocasión por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, en inglés) para realizar mis estudios de maestría en economía empresarial, en San José, Costa Rica. 

P: ¿Cómo fue su paso por el BCH? 

R: Inicié en el BCH en mayo de 1982 y estuve allí durante 20 años. Ocupé distintas posiciones, desde economista auxiliar y analista de créditos, hasta jefe de la División de Planeamiento Estratégico y del Departamento de Organización y Planeamiento. En última instancia fui subgerente del banco, en un cargo en el que me mantuve hasta 2002. 

P: ¿Y luego? 

R: Ese año pasé a trabajar a la Fundación para la Inversión y Desarrollo de Honduras (FIDE) y allí asumí la responsabilidad de dirigir el Programa Nacional de Competitividad, un proyecto ya extinto que era financiado por el Banco Mundial (BM). 

P: ¿Cuándo llegó al Cohep? 

R: Posteriormente, en 2012 entré como ejecutivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) y me he mantenido acá durante nueve años, hasta mi posición actual como gerente de política económica. 

P: ¿En qué consiste su trabajo en el Cohep?

R: Mi agenda se basa esencialmente en el tiempo que dedico a recolectar, analizar y escribir información. Esa información debe tener el valor necesario para ayudar a los ejecutivos del Cohep a tomar decisiones. También participo en reuniones con equipos de trabajo, así como en foros y conferencias, y ocasionalmente atiendo a medios de comunicación, como a usted.

En lo que respecta estrictamente a mi trabajo, debo tener la capacidad de investigar y analizar los temas de realidad nacional que sirvan para elaborar pronósticos a futuro y que, finalmente, contribuyan al Cohep a tener una posición específica en torno a los temas de actualidad, de tipo coyuntural o estratégico.

P: ¿Qué representa la empresa privada en Honduras? 

R: Un sector que genera más del 80 por ciento de los impuestos, es un sector relevante y trascendente para la economía. Por ello, para mí es un orgullo y una satisfacción poder trabajar en una institución como el Cohep, por los intereses y los propósitos que representa.

P: Hablemos un poco de la economía de Honduras, ¿qué factores considera que detienen nuestro desarrollo? 

R: Por un lado, la débil institucionalidad, la inseguridad jurídica y la corrupción. También está el tema del talento humano, es fundamental en un tiempo como el que ha representado la pandemia.

Hoy tenemos que definir cómo haremos para reciclar a la gente y volverla más resiliente y que, de esa forma, se adapte mejor a las nuevas modalidades de trabajo que generó la pandemia como el teletrabajo, que requiere de nuevas competencias y habilidades. 

P: ¿Ha existido resiliencia empresarial? 

R: Bueno. Es importante reconocer que no es el mismo mercado de antes, las empresas comenzaron a trabajar de diferentes formas, se acostumbraron a trabajar con menos gente y de forma remota. Ya no es el mismo perfil, se requiere algo más; esos son algunos de los factores que tenemos.

Es necesario que las empresas puedan replantear sus modelos de negocio y que puedan decir :"Esto soy yo, una empresa que se adapta a los nuevos tiempos y que tiene una facilidad de insertarse con éxito y de manera sostenible en los mercados". 

P: ¿Qué se necesita para que las empresas se replanteen sus modelos de negocios? 

R: Tenemos más del 67 por ciento de la población asalariada ocupadas en empresas con menos de 10 trabajadores, que son son las microempresas. Sin embargo, cuando vienen crisis como ésta, se tambalean. Hay muy poco grado de libertad para hacerles frente. 

Aun así, hemos podido observar que muchísimos emprendedores surgieron en este tiempo. La cantidad de gente haciendo negocios por Instagram, por citar un ejemplo, se multiplicó exponencialmente.

La gente se reinventó y eso es aplaudible. Lo hicieron los supermercados, los restaurantes, el sector médico a través de la telemedicina (...)  Eso es resiliencia, cuando uno adapta su modelo de negocio a las nuevas condiciones.

De izquierda a derecha: sus hijos, Larissa y Carlos Herrera, su esposa Lesly Alcántara y él mismo. Foto: Archivo de Santiago Herrera

P: ¿Qué sucede con la inseguridad a la que se enfrentan muchas empresas hondureñas?

R: Es importante mencionar, en primera instancia, que tenemos un 70 por ciento de la economía en la informalidad. Eso significa que la gente en la calle se juega la vida, hoy con una cosa y mañana con otra, pero no significa que no tengan efecto, porque tienen dificultad para acceder al financiamiento y a veces cuando operan en zonas de delincuencia, vemos que por ejemplo la extorsión afecta mucho a sus negocios. 

P: Entonces, ¿es difícil establecer una empresa en Honduras?

R: Mire, ser empresario en Honduras es un acto heroico, cuesta mucho. Aparte de la delincuencia, tenemos elevados costos de logística, de energía, de seguridad. Existe mucha dificultad en los trámites con las alcaldías y con el gobierno.

P: Según el BCH las exportaciones han aumentado, ¿es cierto?

R: Hace poco miraba una cifra, no recuerdo si de los últimos 10 años, sobre las exportaciones de Honduras versus las importaciones, en volumen versus valor. Me llamaba mucho la atención que en el gráfico aparecía que, mientras las exportaciones en volumen en Honduras iban creciendo de manera impresionante, el valor de esas exportaciones iba decreciendo en la relación al volumen.

Los precios relativos promedios de esas exportaciones cada vez eran menores, quiere decir que lo que estamos exportando no tiene suficiente valor agregado y, por lo tanto, por más esfuerzo que hagamos en producir, el valor que estamos generando no es tan importante como el volumen. 

Por eso, ahorita estamos contentísimos con lo que está pasando con el café. Sabemos que ese volumen elevado de café será recompensado y que, de alguna manera, ese precio va a llegar a todos los que se benefician de la cadena de exportación, que son más de 150 mil familias hondureñas dedicadas a esa actividad productiva. 

P: ¿Qué industrias deberían de explotar mejor el valor agregado de sus productos?

R: Cuando se bloqueó el comercio, algunas maquilas lograron contratos tanto para exportación como para suplir lo que necesitaba el país en materia de equipo de protección personal. Esas son nuevas industrias, también en el área de medicamentos y equipos electrónicos pudimos participar de esos nichos de mercado con éxito y lo pudimos hacer con mayor valor agregado.

Por supuesto tendríamos que trabajar mucho el sector agro, seguir exportando materia prima (...) Pero, sin dejar al lado ese esfuerzo por exportar productos de valor agregado. Si es un campo que requiere más esfuerzo, es requerido sistematizar y consolidar ese esfuerzo para impulsar las exportaciones de Honduras.

De derecha a izquierda: su hija Larissa Herrera, su esposa Lesly Alcántara, su hijo Carlos Herrera junto a su nuera Andrea Urrutia y sus nietos Carlos Emilio y Ana Paula, y él mismo. Foto: Archivo de Santiago Herrera

P: Hace unos días yo conversaba con el doctor Mario Alas Solís y él me comentaba que años atrás Costa Rica comenzó a implementar carreras técnicas orientadas a hardware de computadoras, ¿se podría lograr algo similar acá?

R: Tradicionalmente, la academia en Honduras ha estado desvinculada de los sectores productivos, las universidades se han centrado en la formación de profesionales en humanidades; abogados, economistas, administradores de empresas, mercadólogos y otras cosas. 

No siempre han tenido énfasis en las ingenierías, en los técnicos, en matemáticas; generalmente hemos tenido muy poca concentración en esos campos de formación profesional que son los que se necesitan para poder impulsar el desarrollo en estos sectores de alto valor agregado o de mayor uso de tecnologías.

No obstante, debemos de reconocer que más recientemente nosotros hemos empezado a trabajar muy de cerca con el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UNAH. Eso significa un vínculo de la academia que se empiezan a integrar a nivel de las empresas, de las unidades productivas o de los sectores de actividad económica; eso permite hacer una especie de detección temprana de las necesidades que tiene el país.

P: ¿Qué impacto tiene la falta de productividad? 

R: Ya tenemos 700 mil desalentados que estuvieron buscando trabajos, no encontraron y dejaron de buscar. Eso no lo dice Santiago Herrera, sino que las estadísticas del INE (Instituto Nacional de Estadísticas). Esos son caldos de cultivo para las maras o para los grupos irregulares de delincuentes.

Estamos hablando de un tema clave y en ese ejercicio cuando la academia a nivel superior, como las universidades que están formando gente para él trabajo, como ingenieros; también en la formación profesional, como el Infop, es necesario hacer ese ajuste, la adecuación de las ofertas de las capacidades, habilidades y competencias de la gente son claves.

P: El incremento de las remesas tiene pros y contras, ¿cuáles por ejemplo? 

R: El año pasado, el Banco Mundial pronosticó que las remesas caerían en países como Honduras, sin embargo, crecieron en un 4 por ciento. Esto quiere decir que a pesar de la crisis los hondureños continuaron enviando remesas. De alguna manera, esto ayudó a compensar o a sostener el nivel de consumo de las familias hondureñas. Esto pasa porque la economía de Estados Unidos, la principal fuente de remesas, está reactivándose. 

No obstante, desde el punto de vista social, existe otra cara en las remesas: el mayor producto de exportación de Honduras es el hondureño. Hay muchas familias desintegradas, con los padres fuera del país. Esto, a la larga, genera consecuencias negativas en los hijos, lo cual significa que el país no ha creado las suficientes oportunidades para su sociedad. 

P: Para cerrar, ¿cuál es su motivación cuando se despierta?

R: En primer lugar, Dios. En mi familia somos católicos practicantes, muy apegados a nuestras normas de piedad y lo primero que hacemos es orar. Por Honduras, por nuestros trabajos, por nuestros hijos, por nuestros enfermos (…) En el orden de una persona como yo, cristiana, mi prioridad es Dios, luego mi familia y en tercer lugar mi trabajo. "Estar en lo que haces y hacer lo que debes", esa es mi manera de regir mi vida.