Monseñor José Antonio Nácher, arzobispo de Tegucigalpa, llamó en su mensaje en la homilía dominical celebrada en la catedral San Miguel Arcángel, a dejar que en la tempestad calmada y no en el conflicto, en la diferenciación, ofensa, se resuelvan los problemas.

"Nosotros mismos queremos imponer la razón por la fuerza, por la fuerza del empuje, nuestro empuje. A veces consideramso la calma y la paciencia como una debilidad", señaló.

Aseguró el jerarca católico que la gente se deja llevar por el oleaje de este mundo, que golpea a las personas para impresionarlas y amedrentarlas.

"San Vicente de Paúl decía: “El bien no hace ruido, el ruido no hace bien”. Algo así debía pensar el profeta Elías, que aún en momento de persecución, sabe distinguir el paso de Dios en la brisa suave", expresó.

Por eso dijo que nosotros necesitamos afinar nuestro oído en el silencio de la oración, para identificar el paso de Dios en nuestra vida.

Escuchar la palabra de Dios

La escucha atenta de la Palabra de Dios es el mensaje que realmente el que dijo en la homilía dominica que necesitamos, remarcó.

"Ante tan poca satisfacción en medio de tanto ruido, deberíamos preguntarnos ¿Será que Dios nos habla en el silencio? Acaso ¿tenemos miedo al silencio, a esa “nada” en la que encontramos “todo”?", cuestionó.

Refirió que así cómo Jesús, después del trabajo y antes de volver a actuar, hay que preguntarnos: ¿dedicamos suficiente tiempo a la oración?

Preguntó; "¿nos sentimos tan obligados a aprovechar el tiempo, que no tenemos tiempo para orar?", dijo el arzobispo.

La oración concluyó es ese espacio silencioso que nos enfrenta con nosotros mismos.

Paz y serenidad

"Ruido, activismo, prisas… son características casi incuestionables de nuestro mundo", apuntó.

Por eso la apuesta del mensaje de monseñor Nácer es un diálogo sereno entre personas que se reconocen y valoran mutuamente.

"Para los hombres es más fácil alterar que calmar, amedentrar que infundir paz, para Dios todo es posible. Oremos a Dios para que se aposible la calma, la paz, el díalogo.

Y es que, dijo, cuando alguien como Jesús no se deja llevar por los criterios o ímpetus de este mundo, nos sorprende tanto que parece un fantasma, dijo en el mensaje.

"Reaccionamos violencia contra violencia, insulto contra ofensa. Alguien puede reaccionar de otra manera? pregunto y a la vez respondió: "los cristianos".

Por último, llamó a no tener miedo y sucar los mares de la historia.

"Es un mensaje tan desafiante que solo puede ser escuchado en el silencio de la oración porque el evangelio de hoy todo inicia en la oración", concluyó.

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