En la homilía celebrada este domingo en la Basílica Menor de Suyapa en la capital hondureña, el cardenal Oscar Andrés Rodríguez expresó en su mensaje que ''los hondureños no son malos'' y que ''por unos cuantos delincuentes no se puede juzgar a todo el país''.
Reflexionó en que el señor Jesús y su evangelio no está fracasando, ''tenemos que dar testimonio, el que dice que es cristiano tiene que vivir como cristiano y no decir de los labios para afuera ¡yo soy un buen católico!''.
Recordó que es un falso testimonio de parte de los que en su vida social, familiar, cívica, los que sirven en la política y en los gobiernos ''no viven como cristo''.
''Para que no se cumpla esa frase tan dura de que nadie es profeta en su tierra tenemos que ser coherentes y vivir conforme a nuestra fe. Es la gracia que le pedimos este domingo al señor Jesús''.
Reiteró en que hay que vivir de acuerdo a lo que somos, ser buenos cristianos y que nunca se tiene que despreciar a nadie, porque en cada uno Dios siembra su palabra y su gracia. ''No tenemos que juzgar, al contrario, recibir el testimonio de Jesús en cada uno de los bautizados''.
''Estamos caminando hacia la segunda sesión del sínodo que será en el mes de octubre y los invito a que lo lean y lo vivan porque el sínodo no solamente es un evento en el Vaticano sino es una nueva manera de ser iglesia'', concluyó.
Evangelio de hoy
Lectura del santo Evangelio según San Marcos
Mc 6, 1-6
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: "¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?" Y estaban desconcertados.Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
Palabras del Santo Padre
Nos preguntamos: ¿Por qué los compatriotas de Jesús pasan de la maravilla a la incredulidad? Hacen una comparación entre el origen humilde de Jesús y sus capacidades actuales: es carpintero, no ha estudiado, sin embargo, predica mejor que los escribas y hace milagros.
Y en vez de abrirse a la realidad, se escandalizan: ¡Dios es demasiado grande para rebajarse a hablar a través de un hombre tan simple! Es el escándalo de la encarnación: el evento desconcertante de un Dios hecho carne, que piensa con una mente de hombre, trabaja y actúa con manos de hombre, ama con un corazón de hombre, un Dios que lucha, come y duerme como cada uno de nosotros.
El Hijo de Dios da la vuelta a cada esquema humano: nos son los discípulos quienes lavaron los pies al Señor, sino que es el Señor quien lavó los pies a los discípulos (cf. Juan 13, 1-20).
Este es un motivo de escándalo y de incredulidad no solo en aquella época, sino en cada época, también hoy. (…) También en nuestros días, de hecho, puede pasar que se alimenten prejuicios que nos impiden captar la realidad.
Pero el Señor nos invita a asumir una actitud de escucha humilde y de espera dócil, porque la gracia de Dios a menudo se nos presenta de maneras sorprendentes, que no se corresponden con nuestras expectativas.
