A lo largo de los años, ha experimentado una metamorfosis que lo ha llevado a penetrar en la política y capturar instituciones clave.

La historia del narcotráfico en Honduras se destaca a fines de los años 70, cuando surge asociado a figuras militares y al trágico fallecimiento de los esposos Mario y Mery Ferrari.

Según reportes oficiales de la época, difundidos en la prensa local e internacional, los Ferrari estaban involucrados en una empresa de contrabando de esmeraldas, cocaína y tráfico de armas, en colaboración con el hondureño Ramón Matta Ballesteros.

Matta tenía vínculos con importantes carteles colombianos y mexicanos que consolidaban su poder en esos países.

Los esposos Ferrari fueron encontrados sin vida en 1977 en lo que hoy se conoce como la colonia Cerro Grande, en circunstancias que sugieren haber sido ejecutados por cómplices de Ramón Matta.

Según registros de la revista especializada en criminalidad organizada InSight Crime, los Ferrari fueron llevados a Colombia, donde fueron sometidos a tortura antes de ser retornados a Honduras y asesinados.

Juan Ramón Matta Ballesteros, señalado como el posible responsable, actualmente cumple condena en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos. Su arresto se produjo tras un controvertido operativo de secuestro realizado por las fuerzas antidrogas estadounidenses en colaboración con las autoridades hondureñas.

Según esos registros, la impunidad con la que actuaban los esposos Ferrari se atribuye a sus conexiones con los militares, quienes formaban parte del gobierno de facto en ese momento. No fue sino hasta 1980 que Honduras retornó formalmente a la democracia.

Conexiones

Para aquellos años, se consideraba a Honduras como un país de tránsito de drogas, principalmente de marihuana, con la presencia incipiente de la cocaína.

Sin embargo, no se preveía que en el futuro se convertiría en un actor clave en todas las etapas de la narcoactividad: desde ser un país de tránsito hasta convertirse en un país productor, procesador, distribuidor y consumidor de drogas.

En cada una de estas fases, las conexiones entre narcotraficantes, militares, policía e incluso otros funcionarios judiciales han sido mencionadas en relatos, investigaciones periodísticas, estudios académicos y en juicios, especialmente en los tribunales de Estados Unidos durante los procesos legales contra los primeros líderes del narcotráfico hondureño.

Tras la captura de Matta, se observó una especie de "pausa prolongada" en la lucha contra las drogas en el país, hasta que resurge a fines de los años noventa y durante la entrada en la década del 2000.

En esta etapa, comienzan a surgir pequeños grupos de transportistas de droga que eventualmente escalan para convertirse en importantes actores del tráfico de drogas, estableciendo conexiones regionales e internacionales que Estados Unidos ha identificado como "carteles del narcotráfico".

Los mafiosos hondureños

Así comienza la era de los mafiosos hondureños, entre los que se destacan figuras como José Israel Pineda Duarte, conocido como 'Paico', Jorge Aníbal Echeverría Ramos, alias 'Coque', líder del cartel del Atlántico; los Montes Bobadilla, los Cachiros, los Valle Valle, los Hermanos Ardón, así como personajes como Winter Blanco, Héctor Emilio Fernández Rosa, también conocido como “don H”, Carlos Arnoldo “el negro” Lobo, Víctor Hugo Díaz Morales, alias “El Rojo”, y Arnulfo Fagoth Máximo. Otros nombres importantes en este panorama son Fredy Nájera y Midence Oquelí.

Además de los nombres mencionados, se suma el cartel de los Hernández, conocido por ser liderado por los hermanos Tony y Juan Orlando Hernández. Este último está a punto de enfrentar un juicio por narcotráfico en Nueva York, mientras que su hermano, Tony, exdiputado, cumple una condena de cadena perpetua por el mismo caso.

A medida que los líderes de los carteles eran capturados y surgían los primeros juicios en cortes de Estados Unidos, así como algunas operaciones locales en el país, Honduras se fue dividiendo en territorios controlados por diferentes carteles.

El clan de los Montes Bobadilla.

La población empezó a darse cuenta de cómo la presencia del narcotráfico se había extendido por todo el país, especialmente en el litoral caribeño y atlántico, abarcando departamentos como Colón, Atlántida, Cortés, Gracias a Dios y la Mosquitia.

En regiones del occidente como Copán, Lempira y Santa Bárbara, así como en la región nororiental de Olancho, también se ha observado la presencia del narcotráfico.

A medida que los carteles mencionados fueron debilitados, desmantelados, extraditados o se entregaron voluntariamente, sus principales líderes buscaron reacomodarse y expandir sus operaciones a otras zonas del país, incluyendo el oriente, el sur y el centro.

En esta evolución, los carteles han incorporado a su estrategia a las maras o pandillas, convirtiéndolas en sus principales brazos de distribución en el narcomenudeo y en las actividades de lavado de dinero y activos.

Decomisos de droga en Hoduras.

Operaciones

Las operaciones de las autoridades policiales y militares muestran que la mutación de los carteles continúa sin cesar. En la actualidad, el país no solo cultiva marihuana, amapola o hojas de coca para procesar droga, sino que también está incursionando en la industria de las drogas sintéticas, destacando entre ellas el fentanilo.

Esta droga, responsable de cientos de muertes en Estados Unidos, ha generado gran preocupación en dicho país debido a su creciente presencia y a los desafíos que plantea a su estrategia antidrogas.

Sin embargo, la penetración del narcotráfico y su ramificación en el país ha alcanzado otro nivel: la narcopolítica, que implica el financiamiento ilícito de campañas políticas. Aunque este tema se mencionaba ya en 1987 en diarios estadounidenses, ha cobrado fuerza y relevancia con el juicio de Fabio Lobo, hijo de un expresidente, en el cual uno de los líderes del cartel de Los Cachiros, Devis Leonel Maradiaga, reveló cómo y cuánto aportaron durante casi dos décadas a la política en el país.

Fabio Lobo, hijo del expresidente Porfirio Lobo Sosa.

El financiamiento ilícito de campañas políticas comienza a ser revelado por los protagonistas de los sobornos, pero también se destaca la penetración y cooptación de estructuras del Estado, que se remonta incluso antes del gobierno de Juan Orlando Hernández.

Además, se señala la colusión con algunas élites políticas e incluso empresariales, algunas de las cuales fueron designadas en listas como la Kinping de Estados Unidos.

En la actualidad, un exgobernante, Juan Orlando Hernández, está por enfrentar cargos en un tribunal en Nueva York, acusado de conspiración y otros delitos relacionados con el narcotráfico.

A pesar de que su familia y su defensa proclaman su inocencia, son conscientes de que la batalla legal será ardua. El veredicto tarde o temprano se conocerá, pero en Honduras, la historia del narcotráfico seguirá incompleta mientras no se resuelva el rompecabezas de los demás actores implicados en la cooptación del Estado, aprovechando su fragilidad institucional, la corrupción y la impunidad.

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