Nathalia Hernández Flores es una hondureña que se abrió paso en Estados Unidos. La dura situación económica la obligó a emigrar sin papeles hace más de 20 años.

No fue fácil establecerse en el norte. Una dominicana le dio la mano y empezó limpiando casas y luego se le abrieron las puertas en costura.

Fueron varios años laborando en varios talleres, hasta que por fin se lanzó a crear sus diseños.

Ahora es una de las diseñadoras de ropa latina que está conquistando un espacio en el mundo de la moda neoyorquina.

Nathalia accede a conversar con tunota sobre su vida, su taller y su marca creaciones Nathalia Hernández, que impulsa para poner en alto el nombre de Honduras.

¿Cómo fueron sus inicios en la costura?

Empecé a costurar porque mi mamá era sastre en mi pueblo. Yo le ayudaba a pegar botones, a hacer ruedo, a planchar.

Al principio hacía vestidos de muñecas y cuando descubrí la pasión que tenía por la costura, le hacía faldas y blusas a mis amigas.

Pero fue hasta cuando cumplí mis 24 años que empecé a costurar. Así empecé y luego instalé mi negocio que se llamó "Creaciones Vanessa" en Tegucigalpa.

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¿Por qué decide Nathalia Hernández irse de Honduras?

Después del huracán Mitch, el negocio se puso malo y dije: "Ya no puedo más". Agarré el camino con una amiga.

No tenía a nadie en Estados Unidos, pero la amiga que venía conmigo sí, por eso
agarré valor. El asunto es que en el camino nos separamos.

Me tocó quedarme por nueve meses en Veracruz, México y ella avanzó. Por teléfono nos comunicamos, ella llegó primero a Nueva York y al inició me ayudó con 500 dólares para que pagara el coyote y pasar.

Cuando pasé la frontera no me volvió a contestar. Me contestó la señora donde ella vivía. Yo estaba preocupada, dejé a mis hijos en Honduras y no podía regresar.

Entonces, la señora dominicana me ayudó, me pagó los dos mil dólares que me faltaban para el coyote y así llegué a Brooklyn.

¿Fue fácil establecerse en Nueva York?

Fue demasiado difícil. Estaba sin familia, sin apoyo, era como llegar desnuda, solo con la ropa que andaba y aguante hambre.

Me regalaron dos pantalones, estaba a lavar y poner. Fue una vida dura y hubo momentos en los que pensé en regresarme, pero la familia que me ayudó, me
apoyó y me decía que no podía regresar.

Así me quedé, limpiando casas (…) pero al mes de estar en Nueva York, me encontré a una señora de Honduras. Ella me dijo que ocupaban una costurera. Feliz le dije que sí, que hacía de todo.

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Ella me dijo: “Mañana me esperas aquí. Nos vamos en bus y te voy a llevar”. Ella me dijo que le diera el pago de la primera semana y estaba bien.

Me llevó con unos judíos a trabajar. Estuve tres años en ese lugar. Luego conocí a una ecuatoriana y ella me dijo que me iba a dar un trabajo mejor.

Llegué a trabajar con un griego en el centro de Manhattan, estuve siete años haciendo solo camisas de varón.

¿Qué pasó en esos siete años?

Esos siete años me marcaron. No puedo superar eso. Fui acosada. El hombre quería que me acostara con él.

Me había endeudado y para pagar lo que debía, me quedé. Había dado 500 mil de la casa que tengo ahora en Honduras y puedo decir que sufrí y sufrí.

Días duros los que pasé, pero encontré otro trabajo en otra empresa. Ahí trabajé casi seis años y me pasó lo mismo, ese hombre me acosaba, me trataba mal.

Era un sufrimiento, pero aguanté y aguanté. Un día, cansada de los atropellos, dejé el trabajo y dije: "No puedo más". Me vine llorando y le dije a mi hijo: "Si me enfermo,
es culpa de ese señor".

Estuve un año sin trabajo, pero conocí a un mecánico que me recomendó con un mexicano de apellido Díaz. Es diseñador y ese es mi último trabajo, voy dos o
tres días a la semana.

¿Cómo la eligen para confeccionar la ropa de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris?

Fue con el mexicano (…) me pidieron que hiciera la ropa de Kamala. Al principio no sabía quién era, pero cuando me dí cuenta, hasta las compañeras me decían: “Tómese una foto con el vestido de Kamala”.

A mi se me salieron las lágrimas. Toqué el vestido. Es que esas son cosas que a uno le llenan. Estaba nerviosa, sorprendida, no podía creer que me tocó hacerlo a mi.

Cuando Kamala se lo midió, ya no vimos, porque el encargado de la empresa era quien
llevaba y traía la ropa de ella.

Después del vestido que usó para la toma de posesión, le hice un vestido que era igual. Lo único que el primero era manga larga, de botoncitos como saco de varón.

El segundo llevaba en la abertura de atrás un zíper y después le hicimos tres sacos sastre. Luego, le hice un vestido camisero.

¿Ha costurado para otros famosos en EE. UU.?

Sí, me asignaron hacer las camisas para Leonardo DiCaprio. También le costuré a Robert De Niro, a él lo conocí en persona. Es bien popular, muy sonriente.

Solo me saludó y luego los jefes se lo llevaron. Ellos guardan la distancia y no
les gusta que uno esté cerca de esos personajes.

¿Qué planes tiene Nathalia Hernández ahora?

Estoy con mi propio taller de costura. Se llama Nathalia Hernández.

Estoy enfocada en elaborar trajes sastres de mujer, vestidos, camisas de varón, jackets, abrigos o chumpas, sudaderas, pantalón, buzo, calzonetas de hombre.

No tengo una línea exclusiva, hago de todo. Estoy viendo si me quedo solo con una línea.

El taller está en Brooklyn, tengo muchos clientes, pero mi permiso está en trámite y en dos meses -me dijo el abogado- que va a salir. Lo mejor es que lleva un sello internacional.

¿Y su estatus migratorio en EE. UU. en qué condición se encuentra?

Empecé los trámites para legalizar mi situación en Estados Unidos, pero es tardado.

Dos de mis hijos están conmigo, una tiene su permiso para trabajar y el otro también está en proceso de legalizar su situación. Tengo otros dos que están en Honduras.

¿Qué significa que incursione en eventos con grandes diseñadores de moda?

Es lo máximo. Participé en el Fashion Week y presenté mi colección de camisas de varón, traje sastres, jacket y vestidos.

Fueron 10 diseños y me fue bien, me aplaudieron. Lo logré porque me ayudó una
amiga de Honduras para el cupo. Hice mis diseños, los presenté y me autorizaron.

Entre sábado y domingo hice los diseños. Ese evento me generó más clientes, conocí gente, diseñadores y me dijeron: "Qué bonita la ropa". Salí muy motivada del evento.

¿Piensa regresar a Honduras?

Siempre pienso en regresar a Honduras. Es mi tierra, mi patria y la llevo en el corazón. Mis raíces están allá y ojalá pueda un día volver a mi país. Es mi sueño.

¿Qué mensaje daría a los hondureños que llegan buscando oportunidades a EE. UU.?

Les digo a todos los hondureños mujeres y hombres que si vienen a EE. UU., llegamos porque somos pobres y queremos salir adelante.

No vengamos a gastar, sino que a guardar, a ahorrar, porque si solo gastamos no hacemos nada y es bien difícil.

Estoy contenta y me siento realizada y sé que si voy a Honduras por lo menos tengo un techo y comida. No pasaría sufrimientos, aunque tengo mis gastos.

Es una historia en la que cumplí mis sueños, no fue fácil, pero hay que luchar y perseverar.