"El privado de libertad puede producir algo, pero no lo puede vender, porque no tienen un sistema de facturación, no tiene una marca, pero hoy el Instituto Nacional Penitenciario (INP) pone a disposición de ellos una marca y un sistema de facturación", indicó Fernando Muñoz, director del INP.

Esta marca que ya está registrada en el Instituto de la Propiedad, les permitirá a los catrachos comercializar y exportar sus creaciones, obtener mayores ingresos, posicionarse en el mercado nacional e internacional y además, podrán integrarse a la sociedad de manera productiva.

"Esta es una forma de rehabilitarnos, de trabajar y el ingreso de mi familia en mi caso este es el ingreso para tener a mis hijos en la escuela, colegio y alimento de mi esposa", dijo Osman Osorio, quien está privado de su libertad en el centro penitenciario de Támara.

Las oportunidades laborales que realizan los privados de libertad varían entre artesanías, repostería, pinturas, costura, tallado de madera y más.

"Mis planes son ir a trabajar afuera, sacar adelante a mis hijos, son seis... Y mi mamá se llama Lilian Mejía Molina, que la amo mucho también y se va a sentir muy orgullosa de la nueva hija que Dios le ha dado", expresó Yury Aldana, privada de libertad en el Centro Femenino de Adaptación Social (CEFAS).

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