Durante meses, el nombre de Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias “El Diablo”, comenzó a repetirse en las montañas de Yoro como si se tratara de un fantasma imposible de encontrar.

Su figura se convirtió en símbolo, pero mientras la atención pública se concentraba en “El Diablo”, las investigaciones policiales comenzaron a seguir otra ruta, una que conducía hacia un nombre mucho menos conocido y mucho más silencioso: Yonatan Levi Estrada Villanueva.

De acuerdo con líneas investigativas manejadas por cuerpos de inteligencia, él sería el hombre que realmente movía parte importante de la estructura criminal que las autoridades comenzaron a identificar como el “Cártel del Diablo”.

Estrada es originario de Subirana, Yoro, y es quién, según fuentes de tunota, mueve los hilos de la violencia.

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"El Diablo" que volvió cambiado desde México

Las investigaciones sostienen que Yonatan Levi Estrada pasó varios años en México. Según agentes vinculados a las pesquisas, durante ese tiempo habría tenido acercamientos con integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más violentas y poderosas de ese país.

Los investigadores creen que fue allí donde aprendió algo más que sobrevivir. Las pesquisas apuntan a que Estrada adquirió conocimientos sobre logística criminal.

Además de control territorial y organización de estructuras armadas. Cuando regresó a Honduras, según las autoridades, comenzó a moverse con bajo perfil.

Mientras reorganizaba grupos locales que terminaron ganando capacidad operativa y poder de intimidación.

Yonatan Levi Estrada Villanueva

Esteban Gumercindo el rostro visible

Mientras Yonatan Levi Estrada permanecía lejos de cámaras y redes sociales, “El Diablo” se convirtió en el personaje visible de la organización.

Era el nombre que aparecía en conversaciones de pobladores., el rostro que empezó a circular en videos.

El hombre al que las autoridades comenzaron a señalar públicamente como uno de los principales objetivos de seguridad en Yoro.

Pero según las investigaciones, detrás de esa imagen existía otra estructura de mando. Agentes sostienen que Yonatan coordinaba movimientos estratégicos, manejaba parte de la logística y mantenía control interno dentro del grupo criminal.

Para analistas de seguridad, esa dinámica suele repetirse dentro de organizaciones del narcotráfico: mientras una figura absorbe la atención pública y policial, otros operan desde las sombras para evitar ser detectados.

Las montañas donde creció el cartel

Las zonas montañosas de Sulaco y sectores cercanos de Yoro se transformaron en el escenario perfecto para el crecimiento de estructuras criminales.

Son territorios donde el aislamiento, la limitada presencia estatal y el temor histórico de las comunidades crean condiciones que dificultan las investigaciones y favorecen la movilidad de grupos armados.

Las autoridades mantienen operativos para ubicar a integrantes de la estructura criminal.

Helicópteros, retenes y despliegues especiales comenzaron a formar parte de la rutina en zonas rurales de Yoro mientras la presión policial aumentaba.

operativos
La cacería en las montañas de Yoro aumentó la incertidumbre entre pobladores, mientras las investigaciones apuntan a que detrás de “El Diablo” existirían otros hombres moviendo la estructura criminal desde las sombras. Foto creada con IA.

El verdadero desafío

Investigadores reconocen que el verdadero reto no es únicamente capturar a los hombres visibles.

El desafío, sostienen, es desmontar las redes que permiten que estas organizaciones sobrevivan, se financien y se reorganicen incluso bajo persecución estatal.

Porque detrás de cada figura convertida en leyenda criminal suele existir alguien que mueve los hilos lejos de las cámaras, lejos de los videos y lejos del ruido.

Y según las investigaciones, en la historia de “El Diablo”, ese hombre habría sido Yonatan Levi Estrada Villanueva.

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