Soad Nicolle Ham era alumna del Instituto Central “Vicente Cáceres”. Tenía 13 años, sueños de adolescente y una rutina que giró entre las aulas y las calles de Tegucigalpa, hasta que cayó en una casa loca.

Sin embargo, el 24 de marzo de 2015, su nombre se marcó para siempre como símbolo del terror que representaron las llamadas casas locas, sitios clandestinos donde las maras convertían la violencia en ritual.

A la joven la estrangularon en el interior de una de estas casas, situada en la colonia Nueva Esperanza, a pocos metros del colegio al que asistía.

Su muerte no solo estremeció al país, sino que también dejó al descubierto cómo funcionaron estas guaridas de horror.

Casa loca: escenario del crimen organizado

El término casa loca se volvió sinónimo de tortura y ejecución. En esos lugares, integrantes de estructuras criminales no solo asesinaron a sus víctimas: también las desmembraron.

Practicaron estrangulamientos y, según relatos de testigos, hasta ritos macabros. En el caso de Soad Nicolle, los pandilleros la llevaron bajo engaños.

Según las investigaciones policiales, le pidieron que demostrara lealtad estrenándose con un asesinato.

Pero el destino cruel giró en su contra: ella fue la víctima. En esa casa la golpearon y estrangularon hasta arrebatarle la vida.

El traslado del cuerpo de Soad Nicolle en un taxi

El cadáver de Soad Nicolle lo hallaron envuelto en una sábana y lo abandonaron en una calle de tierra en la colonia Tiloarque.

Para ello, los asesinos contaron con la ayuda de Delmer Velásquez Moncada, un taxista de 31 años, a quien las autoridades detuvieron poco después.

Su taxi, identificado con el registro 6996, se convirtió en la prueba clave del traslado. El ruletero movilizó el cuerpo y lo arrojó en la vía pública, como si se tratara de un objeto más.

Medicina Forense confirmó que no había impactos de bala: la causa de muerte fue el estrangulamiento.

Pandilleros responsables del asesinato de Soad Nicolle tras las rejas

La investigación avanzó hasta capturar a dos jóvenes vinculados a la mara 18: Fabio Rolando Posadas Larios, alias “Fabio”, entonces estudiante del mismo instituto que Soad, y José Noé Cárcamo Martínez, conocido como “Cuzo”.

A Ambos los señaló la Policía de ser integrantes activos de la estructura criminal. El informe oficial apuntó a un enfrentamiento interno entre maras que operaron en el colegio.

Soad Nicolle, la vincularon a la Mara Salvatrucha, la llevaron a la casa de Nueva Esperanza como parte de esa disputa, lo que selló su trágico destino.

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La brutalidad en el caso

La historia de Soad Nicolle Ham se convirtió en un símbolo de la brutalidad pandillera y de la vulnerabilidad de los jóvenes en Honduras.

Su asesinato no fue solo un hecho aislado: fue el reflejo de un país donde la niñez y la adolescencia quedaron atrapadas en medio de una guerra de maras.

Esa casa loca se recuerda como escenarios de horror, y el caso de Soad, como un grito que aún resuena en la memoria colectiva: el de una niña que nunca debió morir así.