Asesinatos, fosas clandestinas, droga y una red que llegó hasta México y Colombia. Esa fue la ruta de sangre que fiscales reconstruyeron para probar la responsabilidad de cuatro miembros de la banda Los Olanchanos, un grupo que convirtió la violencia en negocio y el silencio en su mayor escudo.
La Sala I del Tribunal de Sentencia con jurisdicción nacional fue escenario de uno de los juicios más contundentes contra estructuras criminales en Honduras.
El fallo condenatorio recayó sobre René Alberto Andino Varela, Grevil Enrique Martínez Zepeda y Luis Fernando Ruiz Mejía, además de un cuarto integrante.
La audiencia de individualización de la pena se fijó para el próximo 19 de septiembre de 2025.
Cómo asesinaban Los Olanchanos
Las pruebas narraron escenas brutales.
- René Alberto Andino Varela fue declarado culpable como cómplice en los asesinatos de Allan Mauricio Ortiz y Wilson Alexander Navas, además de asociación ilícita.
- Grevil Enrique Martínez Zepeda cargó con siete asesinatos, entre ellos los de Arlex y Dariel Rodríguez, además de privación ilegal de la libertad de dos testigos.
- Luis Fernando Ruiz Mejía fue condenado por seis asesinatos, incluido el de Rony Rolando Vásquez, así como por tentativa de homicidio y privación de libertad de testigos.
Según las investigaciones, tras cometer los asesinatos, la banda enterró los cuerpos en fosas y cementerios clandestinos. Ese patrón se repitió en al menos 14 casos entre 2018 y 2022.
La ruta criminal de Los Olanchanos
Los fiscales demostraron que Los Olanchanos no eran simples sicarios. Entre 2020 y 2021, se les incautaron 817 kilos de cocaína y más de 7,500 gramos de marihuana.
Además, se rastrearon operaciones que los conectaron con redes de México y Colombia.
En mayo de 2022, una mujer vinculada a la banda fue detenida cuando intentaba viajar hacia Costa Rica con 14,700 dólares sin justificar.
Esa pista financiera terminó de confirmar el alcance transnacional de la estructura en la región.
El golpe de la Operación Temis
El cerco se cerró en octubre de 2023 con la Operación Temis. Dieciséis allanamientos realizados por la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) permitieron capturar a miembros de la banda y asegurar bienes millonarios.
Fueron ocho viviendas, un edificio de apartamentos, dos terrenos y una flota de vehículos en zonas exclusivas de San Pedro Sula.
Ese día marcó el principio del fin para una estructura que llevó casi dos décadas sembrando violencia en barrios como Rivera Hernández, Flor de Cuba y Ticamaya.
Lea también: El nexo hondureño que delata al exministro de Seguridad de Costa Rica
Justicia frente a la ruta de sangre
El caso contra Los Olanchanos no solo reveló una estela de asesinatos y fosas clandestinas, sino también un entramado de poder que sustentó la droga y el miedo.
Para los familiares de las víctimas, el fallo es un paso hacia la justicia, aunque ninguna sentencia borra el dolor de los ausentes.
El 19 de septiembre, cuando se dicte la pena final, se sellará en los expedientes judiciales que la ruta de sangre de Los Olanchanos encontró un límite: la justicia hondureña.
