San Pedro Sula vivió en 2014 una de sus noches más oscuras. En la colonia Perpetuo Socorro, una vivienda apodada la “Casa Loca” se convirtió en un lugar de tortura y muerte.

Allí, el asesino Héctor Alejandro Medina Alcerro, alias El Tío y miembro activo de la pandilla 18, ejecutó junto a sus cómplices a tres niños: Anthony Osmán Castellanos Raudales (13), su hermano Kenneth Alejandro Castellanos (7) y su amigo Luis Edgardo Hernández (13).

Lo que parecía un simple barrio de trabajadores escondía tras las paredes de esa casa una maquinaria de terror.

Los indicios encontrados: un zapato infantil, sábanas ensangrentadas y bolsas plásticas, confirmaron la brutalidad con la que sometieron a los menores.

El rapto y la "Casa Loca"

El 27 de abril de 2014, Anthony y Luis fueron interceptados en la colonia La Pradera. Testigos relataron cómo pandilleros de la 18 los forzaron a entrar en el baúl de un carro verde sin placas.

Su destino era fatal: los llevaron hasta las cañeras cercanas al Estadio Olímpico, donde los asesinaron a balazos bajo órdenes giradas desde el presidio sampedrano.

Kenneth, con apenas siete años, salió en bicicleta en busca de su hermano Anthony. Ese gesto inocente lo condujo directo a la trampa.

Llegó hasta la casa de El Tío, donde lo engañaron, amarraron, golpearon y asfixiaron con una bolsa plástica.

Según la confesión del propio asesino, luego le dispararon y lo envolvieron en una sábana antes de botar su cuerpo en un solar baldío.

La confesión del asesino

Sin aparente remordimiento, Medina Alcerro confesó lo que ocurrió. Admitió que a Kenneth lo llevaron a su casa, donde lo torturaron hasta morir.

“Lo envolvimos en una sábana de mi cama y lo sacamos en una carreta para botarlo”, dijo durante su declaración.

La bicicleta de Kenneth fue hallada en la vivienda de La Gaby, vinculada al crimen, y se convirtió en prueba clave que la incriminó como pieza de la red criminal.

Testigos, pruebas y la condena

Durante el juicio, testigos protegidos narraron con crudeza cómo privaron de su libertad a los niños.

Dijeron que los ataron y asesinaron en la Casa Loca. Los fiscales presentaron pruebas científicas que confirmaron la escena de horror.

El Ministerio Público solicitó 110 años de prisión para El Tío: 90 por el asesinato de los tres menores y 20 más por asociación ilícita.

A su cómplice Olvin Reynaldo Arriaga, alias El Porki, le cayeron 80 años de cárcel. La sentencia evidenció cómo las pandillas utilizaron a los niños como punteros, y cómo, cuando estos se negaron a continuar, los eliminaron sin piedad.

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El eco de la tragedia en San Pedro Sula

La muerte de los hermanos Castellanos y de su amigo Luis se convirtió en símbolo de la crueldad con la que operó la pandilla 18 en San Pedro Sula.

El nombre del asesino de la Casa Loca quedó marcado en la memoria colectiva como un recordatorio de los años en que la violencia alcanzó niveles insoportables.

Ese crimen no solo estremeció a la colonia La Pradera, sino que dejó una herida abierta en todo el país.

También impactó en la inocencia perdida de tres niños que nunca debieron ser parte de la guerra de las pandillas.